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Femenino singular

La semana pasada hizo unas declaraciones Pablo Iglesias en las que hablaba de feminizar la política. El titular era llamativo así que las he leído/escuchado enteras y no he podido evitar sentir una mezcla de incredulidad e indignación. Y no sé si me indigno femeninamente o individualmente porque en mi caso, digan lo que digan Pablo Iglesias o cualquier otro erigido en experto en estos asuntos, mi dotación cromosómica me dificulta el separar una cosa de otra. Yo nací mujer, pertenezco al género femenino y mis actuaciones, tanto personales como  profesionales, femeninas son porque de mí nacen. Y son tan femeninos mis exabruptos como mis caricias, mis órdenes como mis súplicas, tan femeninos mis besos como mis cabreos, mis tequieros como mis insultos. No soy más mujer cuando beso que cuando exijo, ni más cuando cuido que cuando me indigno. No siempre la condición de mujer se adquiere en el nacimiento pero igual da a la hora de actuar.

Tanto miedo me da el machismo conservador como este nuevo paternalista de izquierdas disfrazado de feminismo. Una de las cuestiones que explica Pablo Iglesias con claridad y detenimiento es que esa feminización de la política que él defiende no implica, no nos confundamos, que los hombres dejen su espacio a las mujeres, no, porque, y cito textualmente de nada sirve poner como portavoces a mujeres si estas no están feminizadas. Acabáramos. Así que nos explica, despacito para que lo entendamos, que no hace falta que haya más mujeres en puestos de responsabilidad, no sea que las que lleguen sean de las “malas”, de las no feminizadas, porque ellos mismos ya se feminizan y se perpetúan en el poder y la responsabilidad. Y ya mientras tanto si eso nosotras nos quedamos en casa cuidando nuestros hogares y a nuestras familias, volviendo a depender de que hombres, feminizados o no, decidan sobre nuestra vida mientras nosotras somos meras espectadoras. Muchas gracias, hombre, muchas gracias. Ayuda mucho a la lucha por la igualdad de oportunidades para todos los sexos, un montón.

Es del último mes también una campaña publicitaria que se empeña en obligar a la RAE a modificar la definición de “madre” y darle un sentido mucho más amplio y emocional. Efectivamente, como explican algunos famosos en el anuncio, mi madre ha hecho, y hace, por mí mucho más que parirme. Como yo por mis hijos. Y también es verdad que ni a  mi madre ni a mí nos conoce la RAE de nada pero eso no nos hace sentirnos ofendidas por su definición: Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie. Porque ese es el hecho objetivo que nos hizo adquirir la cualidad de madres. La RAE también prevé que esa adquisición no se realice solo por un acto físico y por eso otorga la acepción número 4 en la que define también como tal a cualquier mujer que realice las funciones de madre. Supongo una campaña publicitaria bien intencionada pero volvemos a sufrir intentos de catalogación solo de las condiciones femeninas. Tan madre es la que cuida como la que abandona. Se podrá adjetivar después pero el sustantivo es igualmente aplicable. Ocurre lo mismo con los padres y con ellos no hay campañas.

 El sexo al que pertenecemos, por nacimiento o por convicción, forma parte de cada uno de nosotros pero nuestra actitud en el mundo no es solo fruto de esa condición. No creo que haya un femenino absoluto que nos condicione en todas nuestras actuaciones, como tampoco creo que haya un masculino absoluto. No creo que haya nada que feminizar aunque, puestos a hacerlo, creo que los únicos individuos capacitados para hacerlo, cada uno en su absoluta singularidad, son aquellos que en su personalidad incluyen esa condición femenina, mujeres se llaman según la RAE.

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Hacer los deberes

Este pasado fin de semana había convocada una huelga infantil: huelga de deberes. La CEAPA (Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos) pide a las familias que los niños no hagan los deberes durante los fines de semana del mes de noviembre para denunciar la sobrecarga de trabajo extraescolar que sufren los niños y, en consecuencia, sus familias.

CEAPA aboga por la eliminación total de los deberes porque considera que representan un fracaso del sistema educativo, provocan desigualdades sociales, crean tensiones familiares, constituyen un problema para los padres que salen tarde de trabajar y no disponen de tiempo y porque los niños necesitan tiempo para realizar actividades deportivas. Como alternativa proponen que se reforme el currículum educativo para establecer una enseñanza más motivadora, práctica y centrada en la adquisición de competencias básicas, que los deberes sólo se constituyan por formación complementaria y puedan realizarse sin la ayuda de un adulto y que todos los centros educativos oferten programas de refuerzo educativo para que los alumnos con dificultades puedan quedarse un tiempo al término de la jornada escolar y reciban alguna clase de apoyo en las materias que lleven más atrasadas.

Dentro de una reivindicación más amplia sobre el sistema educativo, la eliminación de los deberes se ha convertido en tema central y fuente de conflicto entre todos los sectores implicados: niños, profesores, familias.

Como niño, malo es hacer deberes pero si mientras los haces tu familia, en vez de ayudarte o poner los medios para que los hagas con tranquilidad, te calienta la cabeza con la inutilidad de ellos y con críticas a los profesores que te los ponen, al final o no los haces o los terminas haciendo pero seguro de mal humor con lo que resultarán peor y se tardará más tiempo.

Como profesor, el tener que negociar con las familias las decisiones sobre el trabajo a realizar en casa implica una duda sobre su capacitación profesional al no considerarle preparado para reconocer el trabajo que los niños necesitan hacer y la capacidad de estos para realizarlo, y a ningún profesional le gusta que se desconfíe de su buen hacer.

Como familia, los deberes exagerados han de entrar en tu organización familiar y exigen la implicación de los padres. La vida de las familias con niños en edad escolar termina girando en torno a esas tareas con lo que se añade presión al niño que tiene a la familia pendiente de que acabe y a la familia entera que pasa más tiempo compartiendo obligaciones que diversiones.

Pero la eliminación total de los deberes sin que se produzca ningún cambio más en el sistema educativo solo eliminará la presión sobre los padres, a los que se liberará de la atención académica a sus hijos. A los profesores se les incrementará la presión para conseguir unos objetivos marcados legalmente sin la posibilidad de que los niños refuercen lo aprendido en casa y esa presión, aunque sea solo en el aula, afectará a los niños que estarán también presionados por alcanzar unos estándares que, si no se transforma el sistema entero, no se van a modificar y van a ser más difíciles de alcanzar con menos horas de trabajo.

No creo que la eliminación de los deberes elimine desigualdades, más bien al contrario. Los niños con problemas para seguir las clases que tengan la suerte de tener padres con preparación y tiempo para dedicarles van a seguir trabajando en casa para no descolgarse del resto. Niños con esas mismas dificultades pero con padres que no tienen preparación suficiente y que no puedan (o no quieran, que también hay) dedicarles tiempo, al no tener ningún trabajo que hacer en casa, con o sin supervisión, se terminarán descolgando del resto, con lo que la desigualdad será mayor.

En el colegio, como en el mundo real, la única forma de suplir carencias (en este caso intelectuales y académicas) es el trabajo. Con el sistema educativo actual la ausencia de deberes beneficiará a los niños que no necesitan apoyo añadido, porque mantendrán invariables sus inmejorables notas y tendrán mucho tiempo libre. Los niños que necesitan mayor esfuerzo, al no realizarlo en casa, ganarán tiempo libre pero perderán ritmo con respecto al resto de la clase y terminarán suspendiendo. Para estos niños, que son la mayoría, es para los que los deberes suponen una ayuda, siempre que sean pocos y adecuados a la edad, pero diarios, para que les permitan reforzar lo aprendido, seguir el ritmo del resto de los niños e ir cogiendo poco a poco ritmo de trabajo para años venideros.

Otra cosa es que alcanzáramos la maravilla de un pacto educativo que modifique nuestro sistema para adaptarlo al mundo real en el que vivirán nuestros hijos y que en ese nuevo sistema la labor de los profesores sea de acompañamiento en el aprendizaje en vez de transmisión continua de contenidos y que la evaluación de nuestros hijos no se realice únicamente mediante exámenes estandarizados y continuos. En ese nuevo sistema de aprendizaje quizá los deberes no tengan sentido pero no nos movemos en ese escenario.

Mientras el sistema no cambie, los deberes diarios adecuados a la edad de los niños más que crear desigualdad, ayudan a garantizar oportunidades a los niños menos brillantes y a reducir diferencias con el resto. Pero las diferencias entre estudiantes, con deberes o sin deberes, seguirán existiendo. Las marca su capacidad intelectual, su carácter, su curiosidad, su necesidad, o no, de aprender, su capacidad de esfuerzo y, en gran medida mientras son niños, el apoyo familiar. Y es este último el que mayor peso tiene en la determinación de la carrera académica de los niños.

Los deberes no provocan desigualdades sociales, las desigualdades sociales entre los niños existen y no van a desaparecer con los deberes. Solo lo harían, al menos en lo que se refiere a la educación, con un sistema educativo nuevo que garantizara una educación de calidad para todos, con todos los apoyos escolares y familiares necesarios para conseguirlo en cada niño. Es así de sencillo. En cuanto nuestros nuevos parlamentarios empiecen a trabajar, seguro que en un pis pas ponen en práctica ese su deseo pre-electoral de pacto educativo y nos resuelven esta preocupación. Porque si hay alguien que hace ya tiempo que tendría que haber hecho sus deberes, son ellos.

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Puestos a elegir

Está claro que las declaraciones de Donald Trump en su carrera por conseguir el gobierno del país más poderoso de la tierra ya no sorprenden a nadie. Tras crear en los últimos días cierta expectación con su ambigüedad al manifestar su opinión sobre la limpieza de los procesos electorales en los Estados Unidos y su aceptación o no del resultado del que va a celebrarse el próximo martes 8 de noviembre, se ha aprestado a disipar todas las dudas al declarar su clara intención de respetar ese resultado… si es él el ganador.

Obviando el “pequeño detalle” de que las responsabilidades del puesto al que aspira no admiten bromas, tontería más o tontería menos en este señor ya ni siquiera nos produce sorpresa. Son cosas de Trump que ya no van a variar la consideración que cada uno tiene de él, cosas de Trump y ya, ahí se quedan, porque, después de una vida expuesta a los medios de comunicación, acreditada está su falta de respeto hacia todo lo que no le gusta, sean gobiernos, actitudes, objetos o personas (la diferencia entre estas dos últimas opciones no parece además algo que él quiera tener muy claro). Un perfil que no parece casar con un régimen democrático basado en la igualdad de derechos individuales con independencia de la procedencia, sexo, credo u opinión de cada uno. Resulta difícil creer que vaya a amparar esa igualdad alguien cuyo espíritu democrático alcanza solo hasta el provecho de la oportunidad de presentarse a unas elecciones. Él seguro defiende su ampliamente democrática personalidad, aunque en realidad sea bastante parcial al concretarse en una defensa a ultranza del derecho a la igualdad y a la manifestación de las opiniones de cada cual… siempre que sean las opiniones y colectivos adecuados.

Hay una clara similitud entre la democracia parcial y la dictadura. En todas estas se suele defender la existencia del derecho a la manifestación de opiniones, aunque ese derecho suela concretarse en una libertad total de expresión de opiniones… siempre que sean acordes con el régimen imperante. El disfrute del derecho es infinito, sin ninguna cortapisa… si lo que vas a exponer es acorde con quienes manejan el cotarro. Al final parece que en estas digamos democracias parciales tus derechos democráticos dependen de la suerte. Si  la tienes y perteneces a los colectivos que el régimen ampara y tus opiniones son coincidentes (siempre que actúes y vivas sin mirar a tu alrededor, claro) lo haces sin grandes problemas.

En estos últimos meses de incertidumbre política ha pasado a ser habitual el que los comentarios sobre las opciones que no compartimos incluyan una descalificación. Supongo que, como todos pensamos que nuestra opción ideológica es la más sensata, la más inteligente, lo siguiente es pensar que los que no votan como nosotros o no son tan sensatos e inteligentes como nosotros o no lo han pensado bien, así que todos aquellos a los que les ha dado por votar (a la ligera, claro, que si lo hubieran pensado lo habrían hecho bien) a otro partido diferente del que a nosotros nos gusta no pueden ser más que inconscientes, si no lo han pensado bien, o tontos perdidos, por haberlo pensado y a pesar de eso haberlo hecho así de mal. Y ya está, no solo lo pensamos sino que, con la mayor naturalidad, lo soltamos a quien nos quiera oír. Hay quién da un paso más y llega a la verdad absoluta de que el único voto respetable es el coincidente con su ideología, pero eso sí, desde el más absoluto espíritu democrático.

El último en soltar una perla así ha sido un exjuez muy mediático para su profesión que anda promocionando un libro de memorias. El periódico publicaba esta semana una entrevista en la que, a la pregunta ‘Gürtel’, Púnica, Taula… pero el PP gana las elecciones, este antiguo juez respondía: Esa es una de las grandes contradicciones sobre las que algún día tendremos que reflexionar en España. Yo no las puedo comprender ni las puedo aceptar. Respeto que cada uno vote a quien quiera votar pero eso no quiere decir que sea correcto. No es correcto votar a quien no es transparente, a quien no favorece un gobierno limpio, decente. 

No puedo aceptar, no es correcto votar… ¿está tan lejos de lo que dice Trump?

El espíritu democrático que inspira estas declaraciones ¿no es un poquito parcial?

La democracia es un régimen político que hay que currarse.  Tanta descalificación y falta de respeto a la opción adversa parece una señal de que hay quienes quieren dejar de esforzarse por ella para optar por parcialidades democráticas a medida.

Cada quien tiene derecho a concentrar sus esfuerzos donde le plazca pero la historia nos avisa de que las decisiones sobre qué parcialidad democrática concreta se aplica a un país se toman más con puñetazos y balas que con votos. Y los votos tendrán sus defectos pero puestos a elegir…

Imagen destacada: Urna, de·júbilo·haku·, vía flickr.

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Sobre los premios Nobel

Ya hemos tratado otras veces en este blog esa manía opinadora que tenemos ahora. Siendo una gran ventaja de nuestro mundo esta facilidad para manifestar nuestra opinión y lanzarla a los cuatro vientos, también es cierto que no nos conformamos con esa manifestación y pretendemos que haya de tenerse en cuenta siempre, incluso para los premios Nobel.

Tras haber leído en estos últimos días diversas opiniones sobre los premiados con los Nobel de la Paz y Literatura, yo he decidido aprovechar mi artículo de los lunes para opinar también e ir más allá, porque no entiendo cómo los opinadores de las redes sociales se conforman con manifestarse solo sobre dos de los premios instituidos por D. Alfred Nobel habiendo seis (en realidad cinco según el testamento del Sr. Nobel y uno, el de Economía, añadido posteriormente en 1969 por la donación a la Fundación Nobel desde el banco central sueco), así que yo, que creo que ya que opinamos debemos hacerlo sin coartarnos,  voy a opinar sobre todos. Allá voy:

  • Premio Nobel de Física 2016, otorgado a David Thouless, Duncan Haldane y Michael Kosterlitz  por los descubrimientos teóricos de las transiciones de fase topológica y fases topológicas de la materia. Estoy de acuerdo.
  • Premio Nobel de Química 2016 a Jean-Pierre Sauvage, J. Fraser Stoddart y Bernard L. Feringa por el diseño y la síntesis de las máquinas moleculares. Cómo no voy a estar de acuerdo.
  • Premio Nobel de Economía 2016 otorgado a Beng Holmström y Oliver Hart por sus aportaciones a la teoría del contrato. Por descontado estoy totalmente de acuerdo.
  • Premio Nobel de Medicina 2016 a Yoshinori Oshumi por su papel en el estudio de los mecanismos subyacentes a la autofagia. Buenoooo, con este claro que estoy de acuerdo, es más ya se me había ocurrido a  mí antes que a la Real Academia de las Ciencias Sueca😉
  • Premio Nobel de la Paz 2016 a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia desde 2016 por sus esfuerzos para acabar con el conflicto más largo del siglo. Con este, como el resto de los opinadores sociales, ya podría extenderme porque al menos me suena la cara del premiado y sé de qué va pero, para que no parezca que soy poco equitativa o que sé más de Paz que de Física, Química, Medicina o Economía en perjuicio de mi imagen intelectual,  seré parca y diré que, al menos en el argumento esgrimido por el Comité Noruego que otorga el premio, me parece tienen toda la razón.
  • Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción. ¿Y ahora es cuando me ensaño con Bob Dylan y la Academia Sueca? ¿Para una de las pocas veces que me suena el nombre del premiado, le pongo cara y hasta conozco alguna de sus obras? ¿para una de las pocas veces que la academia no me hace sentir ignorante como lectora al premiar a quienes no solo no he leído, sino que no reconozco sus caras y a veces ni siquiera me suenan sus nombres?

 

Igual que hago para la Física, la Química, la Medicina y la Economía, voy a seguir pensando que quienes adjudican los premios deben saber muy bien lo que hacen y que, si a mí jamás se me había ocurrido que Bob Dylan pudiera ser premiado con un Nobel de Literatura, el fallo es mío por no haber sabido leer sus letras como sin duda, como entiende la Academia Sueca, merecen.

Ahora espero a que, así como otros años las editoriales se lanzan como posesas a editar, comprar derechos de traducción o reeditar las obras de los premiados en literatura, este año, para no ser menos, ya hayan enviado a imprenta una recopilación de todas las letras de sus canciones, con una buena traducción y con un cd que permita, por primera vez en la historia de los premios de Literatura, escuchar la obra narrada con la voz del propio autor y entonada con la música que él mismo pensó era adecuada a cada historia. Un magnífico regalo para los forofos de la narración de historias.

Imagen destacada: Alfred Nobel – Nobelsymbolet de Aktiv I Oslo.no, vía flickr.

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No es no

No es en los últimos meses una palabra de moda. Sirvan como ejemplo sus victorias en los referéndums sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea celebrado en junio y sobre el acuerdo de paz en Colombia celebrado el penúltimo domingo. Es una palabra clara y rotunda que no admite matices y por ello en Reino Unido y la Unión Europea diplomáticos y políticos se aprestan a preparar sus estrategias para la negociación del Brexit mientras gobierno colombiano y FARC preparan las suyas para continuar una negociación que transforme lo ofrecido al pueblo colombiano en  un nuevo acuerdo que sí pueda convencerles.

Famoso ha sido también el no de Pedro Sánchez a un gobierno de Mariano Rahoy, y ese serio revés, ya se verá si serio o definitivo, a su carrera política  que le ha costado su mantenimiento.

Y sigue habiendo un goteo de noticias con el no, claro y rotundo, en su titular: la negativa de la campeona de ajedrez de Estados Unidos a jugar con hiyab en el mundial que se celebrará en Irán en 2017, las razones de Bonucci para negarse a fichar por el Manchester United de Mourinho o las de Sergio Llull para no ir a la NBA. Noes con un significado inequívoco.

Pues, a pesar de tal bombardeo informativo con la palabrita, parece mentira que aún haya gente que no termina de entenderla. Véase si no ese “para, eso no” que un par de jóvenes futbolistas escucharon de su también joven compañera en la práctica de unas actividades que suelen reservarse para la intimidad, cuando ella observó que empezaban a grabarlas. Como los chicos no lo entendieron, no solo siguieron grabando sino que el vídeo fue compartido y, de cuenta en cuenta, ha llegado a ser público. Previa denuncia de la mujer grabada sin su consentimiento, ahora habrán de ser los jueces los que expliquen a los denunciados el sencillo significado de la palabra.

Pero no es la primera vez que los jueces, o los legisladores, suplantan a los diccionarios para explicar el significado de la combinación de esas dos fáciles letras. El pasado verano el parlamento alemán hubo de aprobar, y lo hizo por unanimidad, una modificación legal que permitiera a los jueces determinar que cualquier acercamiento sexual que sea recibido con un no como respuesta sea considerado como agresión, sin necesidad de que, como establecía su legislación anterior y aún establece la nuestra, medie violencia o intimidación.

A la espera de que nuestra legislación llegue a recoger el espíritu de la alemana, no es no, administraciones de toda nuestra geografía organizan campañas en prevención de las agresiones sexistas en fiestas con ese mismo lema.

¿Tan difícil es de entender?

Imagen destacada: NO!, de duncan c, vía flickr.

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Colombia 1984
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Sobre la adversidad y la paz

Tras este entretenido último sábado parece que, sin saber aún si hemos asistido a la muerte de un partido político, lo que sí hemos hecho ha sido presenciar la retransmisión minuto a minuto del momento en que su grave enfermedad ha entrado en crisis reventando sus pústulas frente a un público atónito.

El sábado informativo terminó con la derrota de los postulados de Pedro Sánchez  en una votación interna rodeada de tensiones y con la anunciada consecuencia de la dimisión del último líder del partido socialista. Declaraciones a la puerta de Ferraz, tuits de los implicados, comentarios de los espectadores y hasta fotos durante el enconado desarrollo de los debates, nos han permitido no perdernos ni una gotita del pus destilado.

En el fondo de todo la disputa sobre a quién corresponde tomar las decisiones en el partido (¿al Secretario General? ¿a los órganos colegiados? ¿a los militantes de base? ¿a los millones de electores no militantes que les confían su voto?), con el añadido de esa interpretación de las normas que lo rigen a conveniencia de cada uno, porque los estatutos del PSOE, que yo no he leído, parece establecen reglas totalmente contrapuestas según las interprete uno u otro bando de esos que Susana Díaz dice que no existen.

Decidir en la adversidad, qué difícil.

Cuando el viento sopla de cara todas las organizaciones funcionan a la perfección: los partidos políticos,  los gobiernos, las empresas, las familias, las parejas y hasta el cuerpo humano. Habiendo salud, el corazón suple bombeando en más o en menos las carencias o acumulaciones de riego sanguíneo que los esfuerzos producen en cada órgano. Por eso los cardiólogos, cuando se prevén ajetreos corporales o hay sospechas de que la máquina pueda fallar, realizan un test de esfuerzo, o de estrés, para ver si, en circunstancias extremas, el núcleo de la organización corporal puede responder a tiempo y asegurar el funcionamiento óptimo de toda la organización.

Con el mismo fundamento que la prueba de esfuerzo cardíaca, el sistema financiero es también objeto de chequeo a través de su propio test de estrés. Mediante la simulación de situaciones adversas, se evalúa si las entidades financieras, y con ellas el sistema financiero en general, serían capaces de adaptar sus decisiones y sobrevivir.

El sistema político no está sometido a los controles del sistema nacional de salud ni a los del sistema financiero por lo que no hay simulaciones en sus tests de estrés y los terminan pasando a lo vivo en situaciones reales. En los últimos años, el deterioro de la situación económica y el mal uso por los elegidos de la confianza depositada por los electores han producido el menoscabo de la imagen de las instituciones y el cansancio hasta el hastío de los potenciales votantes, con lo que la situación para los partidos políticos preexistentes ha devenido en bastante adversa y se hallan inmersos todos en su propio test de estrés. El partido socialista acaba de suspender el suyo dilatando con ello el desenlace del del partido popular.

Por otro lado, de los dos partidos emergentes, Podemos y sus confluencias andan también enfrentándose al cambio de situación que supone pasar de la oposición en las calles al desempeño de diversas cuotas de poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, un cambio que, como se está viendo con las fricciones entre corrientes e individuos que, discretas o publicitadas, no dejan de ocurrir, también les convierte en actuales evaluandos de su estrés interno.

Mientras, en Ciudadanos, con un perfil más comedido que los anteriores en sus aspiraciones y en sus resultados, parecen estar apartados sin mover un músculo mientras los demás se destrozan entre ellos o a sí mismos. Eso no creo que ni les vaya a favorecer en el voto ni les salve de la desaparición pero, si desaparecen, al menos lo harán sin estertores.

Y, si según yo lo veo, uno de los partidos de ámbito nacional (que representa a algo más de cinco millones de votantes en las últimas elecciones) acaba de suspender su test de estrés y al menos dos de los partidos políticos del panorama nacional (que representan a casi ocho millones por un lado y poco más de cinco millones de votantes por el otro) están pasando los suyos en la actualidad sin ninguna certeza de que los resultados vayan a ser exitosos ¿qué pasa con el sistema político nacional? ¿qué posibilidades tenemos como nación de conseguir ese gobierno estable imprescindible ahora para afrontar las adversidades comunes?

No siendo militante, afiliada y ni siquiera votante entusiasta (si es que esa posibilidad ahora existe para alguien) de ningún partido, quizá las dificultades internas de cada uno de ellos deberían resultarme indiferentes pero, dado su encaje dentro de un sistema mayor al que sí pertenezco, no puedo evitar una permanente inquietud al no ser capaz de contestar con optimismo a la última pregunta de mi párrafo anterior.

Mientras tanto ayer en Colombia se intentaba dar un paso más para la solución de un conflicto que, en comparación, deja al del comité federal del PSOE a la altura de una pelea de arenero de parque infantil. Tras varias décadas en guerra, miles de muertos, cientos de miles de víctimas y pérdidas económicas de muchos millones de pesos colombianos, en el plebiscito de ayer víctimas y verdugos se enfrentaban en las urnas a una quizá demasiado sencilla pregunta para todo lo que implicaría un acuerdo plasmado en cerca de doscientos folios ¿apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?, con solo dos posibles respuestas, sí y no. Y, a pesar de que la pregunta parecía estar enunciada para que la única respuesta fácil fuera el sí ¿cómo no vas estar a favor de la construcción de una paz estable y duradera? y que las expectativas y sondeos daban por segura la respuesta afirmativa, la mayoría de los votantes ha respondido no y el acuerdo no puede llevarse a cabo.

Hoy, aunque el gobierno y las FARC han respondido al resultado asegurando que el alto el fuego sigue en pie y van a seguir negociando, es difícil ser optimista. Sin las contrapartidas que el acuerdo les otorgaba… ¿cuánto tiempo aguantarán las guerrillas inactivas?  Quizá era demasiado pronto para pedir olvido pero, tras el rechazo del acuerdo ¿qué posibilidades tendrá Colombia como nación de conseguir esa paz estable imprescindible para afrontar sus adversidades comunes?

No puedo evitar comparar adversidades y posibilidades en esa misma pregunta enunciada para dos países con tres párrafos de diferencia. Conseguir la paz o conseguir un “simple” acuerdo de gobernabilidad para cuatro años en un país en paz ¿qué será más difícil?

Visto lo visto, yo no me atrevo a mojarme.

 

Imagen destacada: Paz, The Real Estreya, via flickr modificado color.

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El perfil

Desde el principio de los tiempos a los humanos, a cada uno de nosotros, se nos ha identificado por nuestra imagen, por lo que otros perciben de nosotros con cualquiera de sus cinco sentidos. Nuestro rostro, la configuración de nuestro cuerpo, nuestro ritmo al caminar, el timbre de nuestra voz, las inconfundibles formas que trazamos al dibujar nuestras letras, el tacto de nuestra piel, el olor de nuestro pelo, el sabor de nuestros besos, cada uno de esos detalles permite, a los que nos conocen, reconocernos y, a los que no nos conocen, hacerse una idea de cómo somos. Hay un carácter detrás, una forma de ser, pero nos identificamos antes por lo que se ve que por lo que se ha de intuir. Nuestro cuidado personal, además de su finalidad higiénica y de mantenernos a salvo de infecciones, suele trascender hacia la atención de la imagen que queremos que los demás reciban de nosotros. Somos lo que somos y lo que nosotros añadimos con nuestros cuidados. El perfume que decidimos echarnos, el peinado que elegimos o la ropa que llevamos ofrecen a los demás datos de cómo somos o, al menos, de cómo queremos que se nos vea.

En el mundo digital los humanos, pero también las empresas, los gobiernos, los centros educativos y cualquier tipo de entidad con presencia en redes, somos un perfil conformado por nuestra información, actitud e imágenes. Un perfil que, como nuestra imagen en el mundo real, también hay que cuidar.

Un perfil con nuestra verdadera identidad. Pero ¿cuál es esa? Entendiendo por verdaderos aquellos que no contienen mentiras, todos podemos tener un sinfin de perfiles que, sin dejar de ser verdaderos, pueden ser muy diferentes unos de otros. Por mucha información e imágenes que compartamos nuestros perfiles en redes nunca muestran más que una pequeña parte de nosotros, la que nosotros decidimos compartir. Quizá en las webs de búsqueda de empleo la simple concatenación de datos veraces sí nos otorga un perfil verdadero y único pero en aquellas redes en las que se comparte información más personal ¿cuál es nuestra identidad real?

Podemos pensar que si compartimos nuestra información, imágenes y sentimientos con naturalidad la imagen que se construya siempre va a ser la nuestra, la de verdad, pero en la práctca algo tan simple como la hora en la que habitualmente se comparta la información puede transmitir una idea diferente del carácter de alguien: si solo comparto información a última hora del día, ya cansado, es muy probable que dé una imagen de persona más triste y frágil que si comparto mis pensamientos a primera hora del día recién duchadito, bien descansado y con un café humeante en la mesa. Sin mentir tampoco, con las imágenes, es fácil oscilar de feo a guapo, gordo a delgado, moreno a blanquito… solo eligiendo bien las fotos, o los filtros.

No es algo exclusivo de las redes sociales porque ¿no pasa también en la realidad? Cada uno, al menos los adultos, tenemos un carácter y una imagen ya formados, pero se manifiestan de forma diferente en distintos ámbitos. No siempre coincide nuestra forma de ser en el trabajo, en la familia o en la calle ¿somos menos veraces entonces?

Creo que en cada grupo social hay un reparto de papeles y no siempre el que elegimos, o nos toca, es el mismo en todos nuestros grupos ¿no es verdad que podemos ser líderes en el trabajo, gregarios en pareja, alegres en familia, opacos en la oficina, tímidos en un congreso, sociables en una junta de vecinos, distantes en el metro, cercanos en una fiesta… sin dejar de ser los mismos? La imagen que transmitiríamos según qué rol de los anteriores prime en la información que compartimos sería diferente sin dejar de ser real. Habrá por tanto que controlar qué imagen queremos dar.

Es importante, sobre todo en los adolescentes que se inician en este mundo, ser capaces de ver los perfiles desde el otro lado, aprender a ver si la imagen que estamos transmitiendo es la que nosotros queremos ofrecer. Verdadera o falsa es nuestra carta de presentación en un mundo digital del que cada vez va a ser más difícil huir.

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De la sensibilidad y el tamaño

No dejamos de asistir a linchamientos mediáticos. Basta darse un paseo por las redes sociales para comprobar que el mero hecho de compartir un detalle en una de ellas, por mínimo que sea, puede convertirse en fácil excusa para que la gran masa ciber realice un ejercicio práctico de linchamiento inmisericorde. Y hace pocos días hemos conocido cómo uno de ellos ha terminado en suicidio. No es el primero.

Parece claro que cualquier persona cabal aberra de estos hechos pero, por mucho que los cabales supongan mayoría, el efecto amplificador de las redes hace que lo malo pese siempre más que lo bueno. ¿Y por qué? Porque los “buenos” no hacemos nada.

Las últimas tendencias para afrontar los casos de acoso escolar en los colegios, basadas en el método KIVA implantado en los coles finlandeses, cambia el foco de actuación de las estrategias para combatirlo y lo fija en los espectadores, en esos niños que no acosan ni sufren el acoso pero son espectadores silenciosos. En movilizar a estos espectadores y convertir ese silencio en un posicionamiento claro de apoyo a las víctimas se basa el espíritu del exitoso método. Son niños, muy vulnerables pero también aún plásticos y permeables a nuevas actitudes, y el acoso que se combate ocurre en colegios, lugares reales en los que las interacciones se realizan dando la cara, pero la filosofía del sistema parece aplicable a cualquier tipo de acoso.

¿Qué pasa en las redes sociales? La mayoría de los usuarios son adultos y la nube es un fácil no-lugar en el que se puede tirar la piedra y esconder la mano, pero también hay víctimas, acosadores… y millones de testigos silenciosos. Quizá la solución del problema sea imposible si no pasa por la movilización y el claro posicionamiento de los espectadores, de esas decenas de millones de usuarios de las redes.

Estudio aparte merece el sentimiento de íntima ofensa personal que obliga a manifestar su reprobación ante conductas y opiniones y su fácil nacimiento en algunas personas. Quizá el que vivamos esa no-vida de redes sociales en artefactos de nuestra propiedad puede convencernos erróneamente de que todo lo que pasa en ellas nos pasa a nosotros, que cada tuit o publicación en cualquier plataforma nos está dedicado expresamente y por eso ha de provocarnos alguna reacción, entre ellas la de ofendernos si lo publicado no está de acuerdo con nuestras actitudes y pensamientos ¿Por qué si no tanta respuesta iracunda a cuestiones que ni nos van ni nos vienen?

Pero no solo ocurre en las redes. El sentir que una mujer bañándose en burkini o en topless en una playa me ofende a mí que me baño a pocos metros de allí es algo parecido, que un beso o un gesto de cariño entre dos personas adultas ante mí me reta a manifestar mi opinión sobre la “licitud” de su relación, que unas rastas, un pelo engominado, una voz aflautada, una nariz grande, un cuerpo menudo, un color de piel, un acento… que cualquier detalle personal de la gente que me rodea me está dedicado para que yo manifieste mi sentimiento ante ello… ¿no es lo mismo? ¿de dónde nace esa necesidad de sentirnos ofendidos? ¿de dónde el sentir que cualquier entendido defecto o error de los demás ha de ser rápidamente señalado y censurado? En las redes es mucho más sencillo al asumirse menos riesgos que en la realidad, por ello es más visible, pero en la vida real también ocurre.

Tal vez la razón no sea más que haber equivocado el enfoque al entender el mundo digital, que esa apertura al mundo que nos permiten las redes sociales y la ingente información a nuestro alcance con solo un par de clicks, en vez de hacernos sentir una mera gota en un ingente océano, nos ha convencido de lo contrario, nos ha hecho creer que somos el centro de un mundo mucho más grande, y deducir que ,si el mundo ha crecido, nosotros, cada uno de nosotros, como centro, hemos pasado a ser lo más importante del universo y que esa posición de reinado absoluto nos da derecho a impartir “justicia” a diestro y siniestro.

En ocasiones nos parece vivir en un mundo insensible ante los demás, pero no es cierto. Estamos rodeados de gente sensible, muy, muy sensible, a la diferencia, al detalle, a la debilidad, muy, muy sensibles, pero no para comprenderlo, como sería de desear, sino para señalarlo, advertirlo, censurarlo y machacarlo.

Como ombligos del mundo no podemos permitir ningún defectillo en él, no sea que nos veamos obligados a mirarnos a nosotros mismos y encontremos algún otro. Eso nos haría caer de nuestro trono y asumirnos como una infinitésima parte de un universo imperfecto. Menudo chasco.

Imagen destacada: Galaxia de Andrómeda (M31): “The heat is On in Andromeda’s Center”. Smithsonian Institute, via flickr.

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Los artículos

Machista

Leo de pasada un titular: “Hay músicas mucho más machistas que el reggaeton y nadie dice nada” y me chirría ese emparejamiento gramatical ¿música machista? ¿es eso posible? Del texto de la noticia termina deduciéndose que lo machista, como era de esperar, eran las letras de determinadas canciones, pero supongo es más llamativo adjetivar a lo grande por llamar la atención de algún potencial lector.

El adjetivo aplicado a la música en el titular cada día es de mayor uso y, alegrándome de lo que eso significa en cuanto a identificación de conductas antes consideradas normales, no puede dejar de preocuparme la inconveniencia de su uso excesivo.

Veo en redes la imagen en pantalla de un “meme” sobre la presidenta regional que afanosamente se dedicaba a elaborar un diputado socialista durante el debate sobre el estado de la región en Madrid y la reacción posterior de la presidenta que exige disculpas por considerarlo “ofensivo y machista” y no termino de pillarlo. El montaje se basa en el cartel de la película Harry el Sucio en el que se sustituye la imagen de Clint Eastwood por la de Cristina Cifuentes con el edificio de la Puerta del Sol de fondo. ¿Eso es machista?  ¿por qué? ¿intentar desprestigiar a un presidente regional por algo que ha hecho en el ejercicio de sus funciones es machista? ¿lo es simplemente porque ella es mujer?

El pasado miércoles se presenta una iniciativa dentro de Podemos Madrid con intención de postularse como alternativa a las primarias que se celebrarán en noviembre. La propuesta, con el nombre de Adelante Podemos, es encabezada por varios dirigentes con actuales responsabilidades políticas y/o de gestión y se explica impulsada por Rita Maestre, actual portavoz del Ayuntamiento de Madrid. Las declaraciones durante la presentación hablan de la necesidad de “feminizar” la formación política y, molestas porque en alguna de las noticias en prensa sobre la presentación se hiciera notar la condición de ex-parejas de los actuales primeros dirigentes de Podemos de Rita Maestre (impulsora) y Tania Sánchez (integrante) de la iniciativa, al día siguiente se lanzan a publicar las dos un comunicado conjunto en el que defienden no ser ex-novias sino mujeres con decisión propia (la mayoría de las mujeres adultas, incluida yo misma, podemos acreditar que no son conceptos excluyentes) y terminan pidiendo un “Podemos para todas”. A la supuesta condición de machista de una noticia que informa de la intensa relación personal pasada de dos dirigentes políticos con otros dos a los que se van a enfrentar (detalle que, independientemente del sexo de los emparejados, no deja de parecer un posible condicionante) se contesta con la utilización del sexo como argumento político ¿feminizar un partido? ¿convertirlo en un partido para todas?  Hay un nicho grande de voto femenino en Podemos (como en cualquier otra organización) pero captarlo por su mera condición sexual ¿no es una trampa?

Seguimos viviendo en un mundo machista pero para mí que actuaciones de nuestras políticas como las anteriores no ayudan a combatirlo, sino más bien al contrario. La política ahora es un mundo sucio, y en él han entrado voluntariamente. Todos van a saco al desprestigio del otro. Que la defensa de las mujeres sea a  mí no, que es machista, perpetúa el rol de frágil mujer a la que hay que tratar con cuidadito. ¿Que el meme es ofensivo? Pues defiéndete explicando la razón de la actuación que lo provocó y reclama si quieres un juego político más limpio, pregonando con el ejemplo. ¿Que hay periodistas que informan de detalles de tu vida privada pertinentes al caso? Contesta con argumentos políticos solventes que soporten tu candidatura y elimina de tu discurso los basados en esa feminidad que tú dices no querer que se tenga en cuenta.

Puesta a elegir, como método de lucha de base contra las actitudes machistas, yo me inclino hacia el utilizado por un puñado de taxistas madrileños también en esta semana pasada. Ante la negativa de un cliente a montar en el primer vehículo de la fila por pensar que el estar conducido por una mujer le iba a impedir llegar a tiempo a su cita, el resto de los compañeros de la fila decidieron no admitirle ellos tampoco en sus coches obligándole a irse andando con sus maletas a cuestas. Sin explicaciones ni reivindicaciones, un paseíto bajo el sol cargando con su equipaje. No me parece mal escarmiento.

Foto destacada: editada sobre foto original de Galiza contrainfo, vía flick

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Los artículos

Discutir lo normal

Estamos asistiendo en estos días a la práctica disección de las relaciones entre los miembros de una familia. Con la hija mayor desaparecida, los padres en sus declaraciones han pasado de manifestar que en su familia se discutía lo normal en una familia con hijos adolescentes a poner en palabras su reacción ante la orden judicial de retirada de custodia de la madre sobre la hija menor. Un hecho que ya de ningún modo podría calificarse como normal.

Discutir lo normal ¿eso qué es?

Cierto es que la convivencia en cualquier grupo humano conlleva una continua adaptación entre miembros con actitudes y opiniones diferentes que producen roces que hay que ir puliendo. Y se discute, sí, intercambiando puntos de vista con el fin de alcanzar un objetivo común que puede ser tan simple como la convivencia en paz. Se discute para alcanzar la paz, el acuerdo, un objetivo común. Y cuanto más vehementes sean los miembros del grupo, por carácter o edad, por mucho que estén de acuerdo en su objetivo final común, más se discute. Lo normal. Un grupo solo puede definirse como tal si todos los miembros comparten un objetivo, aunque este no se verbalice, pero es imprescindible su existencia. Las discusiones, las normales, van encaminadas a ese objetivo final y construyen grupo.

Luego hay otras discusiones, las que derivan en enconadas disputas o en meros enfrentamientos gratuitos, que no van a ningún sitio y solo deterioran la relación. Estas también salpican de vez en cuando nuestras relaciones y podemos aprender a vivir con ellas, pero eso no puede hacer que las consideremos normales, porque no lo son. En ocasiones, cuando se repiten, no son más que síntomas de que el grupo, como tal, se está rompiendo y continuar en él puede ser perjudicial para sus miembros (más si son menores).

Es perturbador formar parte de un grupo que está dejando de serlo, cuando las discusiones son siempre disputas pero, siendo menos llamativo, es igual de inquietante cuando las discusiones son sustituidas por silencio. La ausencia total de discusiones es la señal de que el objetivo común que se perseguía y hacía a cada miembro pelear por él a su manera, ha dejado de mover los hilos del grupo y ya nadie aspira a alcanzarlo. El silencio, ese momento en el que ya no se discute lo normal, es el fin.

Es difícil dar el salto y abandonar un grupo aunque todos los miembros sepan que ya no existe. Somos seres sociales y, para sentirnos acompañados, es fácil elegir mantener la ficción de la pertenencia a un grupo con tal de no asumir nuestra soledad. Y el grupo parece no romperse, pero ya está roto.

Al inicio de este verano elegimos a unos cuantos cientos de personas para el mandato de conseguirnos un gobierno estable. Todos ellos se constituyen en varios grupos, políticos, y en su conjunto se sientan en unas instituciones que, con el nombre de Congreso de los Diputados y Senado, les permiten sentarse juntos a discutir sus cositas con la idea final de gobernarnos. Desde diciembre a junio hubo un goteo de noticias sobre los posibles pactos, declaraciones de políticos, descalificaciones de uno a otro, o de uno a varios, propuestas insensatas, propuestas sensatas pero imposibles… de todo. Pero llegó el verano y cayó el silencio.

Lo que podía preverse como un intenso verano de deliberaciones entre los distintos partidos ha quedado en nada, un acuerdo de investidura entre dos únicos partidos que no ha costado más de ocho o diez días de conversaciones y un debate de investidura final con modos de representación teatral. Y, entre tanto, silencio.

Cuando el silencio invade un matrimonio, una familia, una panda de amigos, un equipo de trabajo… la deriva lógica es su ruptura, la separación de sus miembros.

Pero el silencio que invade las relaciones entre nuestros políticos ¿a dónde nos lleva?

El tiempo pasa y cualquier opción de futuro parece factible pero, más allá de la absurda idea de tener que votar el día de Navidad, lo verdaderamente preocupante es el silencio. Imposible alcanzar ese objetivo, que debería ser común, de la gobernabilidad de nuestro país si no se ponen todos a discutir cuanto antes. Sin contiendas pero sin silencios. Solo discutir, lo normal.

 

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