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Cumpliendo órdenes

Desde ayer son centenares las fotos de enfrentamientos que pueblan los medios de comunicación y las redes sociales. Enfrentamientos verbales, mediante lanzamiento de objetos, con otros objetos contundentes, a empujones o a tortazo limpio, un poquito de cada cosa. Los contendientes, dos “bandos” que cumplían consignas de distinta índole y distinta procedencia.

Por un lado, personal civil de toda edad y condición que habían ocupado colegios obedeciendo instrucciones de partidos políticos, instituciones públicas o asambleas vecinales, para impedir que estos fueran clausurados y no pudieran usarse como sedes electorales.

Por otro lado, personal al servicio de distintas fuerzas del orden público que, haciendo honor a su denominación, obedecían instrucciones para mantener el orden que amparan nuestras leyes e impedir que un referendum declarado ilegal se celebrara.

Los unos, para defender sus posiciones, se acompañan de sus hijos, sus padres, sus abuelos… convirtiendo la ocupación de los centros de votación en una fiesta familiar, dándole una connotación lúdica que contrasta con los reiterados avisos de que las fuerzas del orden intervendrían para detener el proceso. Una fiesta familiar abocada a ser interrumpida por las fuerzas del orden público… ¿con un baile pensaban?

Los otros, sabiendo que se iban a meter en loberas, con las instrucciones también de ser comedidos pero eficaces en su actuación. Órdenes claras y facilísimas para quienes no se iban a meter allí ¿eficacia contra multitudes sin usar las armas? ¿pensaban sus mandos que los ocupantes saldrían de los colegios de forma tranquila y relajada con solo verlos llegar?

Unos y otros han ofrecido al mundo lo que se esperaba de ellos, fotos y más fotos de sus enfrentamientos. Y hay heridos, contusionados, graves ofensas entre unos y otros… mientras que los jefes o instigadores de cada uno de los bandos, seguían la “fiesta” desde sus despachos.

Ninguno de ellos arriesgó su rostro, a ninguno de ellos nadie se lo iba a partir. Y, lo que es peor, ninguno de ellos va a hacer absolutamente nada por arreglar lo que está por venir, esta gran bola que no deja de crecer y que seguirá explotando en la cara de todos y cada uno de nosotros.

 

Imagen destacada vía Rtve: http://img.rtve.es/i/?w=1180&i=1506869150298.jpg

 

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Silbar a Piqué

Para los futboleros de pro el descanso veraniego terminaba con un partido de la selección española de fútbol contra la italiana este último sábado en Madrid. Encuentro importante para la clasificación para el próximo campeonato mundial había estado precedido por una campaña llamando a la participación y al sano apoyo a los jugadores.

No obstante, varios medios de comunicación también tuvieron a bien gastar párrafos y minutos en vaticinar si uno de los mejores defensas de la selección en los últimos años, Gerard Piqué, iba a ser abucheado, como en anteriores encuentros, por la afición madrileña. De resultas de eso, a aquellos que íbamos a asistir al partido, ya se nos provocaba a dedicar un tiempo a meditar si participaríamos de los pitos o no. Siendo un partido de fútbol una mera actividad lúdica con el único objetivo de disfrutar del desarrollo de un juego, has de optar por permitir o no que tus acciones muestren el apoyo o el rechazo, no tanto a un jugador como a una ideología. Que si el jugador es violento en el campo, adolece de falta de entusiasmo o implicación en el juego pues lo mismo sería consecuente que fuera abucheado, pero en este caso lo que contra él se tiene excede al ámbito deportivo y se centra únicamente en sus manifestaciones sobre temas políticos. Así que, dependiendo de la edad de tus acompañantes, lo mismo te ves obligado a explicar la posible razón de esos abucheos o la de tu orden tajante de que ni un abucheo a Piqué entre los que vienen conmigo.

Y resulta que, tontamente, el desarrollo del partido supone un estrés añadido para todos. Los que han decidido silbar a Piqué, bastante pocos en proporción al resto de los asistentes, han de estar muy pendientes de los momentos en que él toque el balón, pero los que hemos decidido contrarrestar esos abucheos con aplausos, por coincidencia ideológica o, los más, por hartazgo de que la ideología lo invada todo, también pendientes para, en cuanto empiecen los pitos, silenciarlos rápidamente con aplausos o jaleos al jugador. Un estrés, digo, porque no te puedes entretener enviando un whasapp o vagando tu mirada por las gradas, porque a la mínima que te despistas le llega el balón a Piqué y empiezas el abucheo tarde o son los abucheadores los más atentos y tu, cuando quieres contrarrestar, ya resulta que han terminado.

Y llega un momento en que, cuando ya tienes mecanizada la respuesta pitos-palmas, pitos-palmas, y consigues hacerlo sin pensar mucho y orgullosa de hacerlo bien, das unos aplausos rápidos y recibes un codazo de tu acompañante seguido de un ¿y ahora por qué aplaudes? y a tu contestación de yo qué sé, porque abucheaban a Piqué ¿no? le responde una mirada condescendiente, un bufido y un no era a Piqué, era a Koke, ¿Y a Koke por qué? Yo qué sé ¿Y a Koke se le puede pitar? Y te quedas en blanco y encogiendo hombros porque para los pitos a Koke no nos habíamos preparado.

Y, siendo propensa al estrés, yo ya empiezo a estar harta de estos añadidos porque, además, si lo hacemos, sería mejor que lo hiciéramos bien y, para estar seguros de si nuestra respuesta debe ser pito o abucheo, al vender las entradas para cualquier espectáculo (deportivo, teatral, musical, cinéfilo o circense) tendrían que permitir que enviáramos un cuestionario con las cuestiones ideológicas que a cada uno nos parecieran vitales para que fueran respondidas por cada uno de los participantes en el espectáculo y pudiéramos planificar nuestra respuesta: aplaudo al tramoyista que es de mi mismo partido político pero abucheo al actor secundario porque no tiene las ideas muy claras y en las dos últimas elecciones votó a dos partidos diferentes, aplaudo a la actriz principal porque cree en la independencia de mi región pero pitaré un poco al acomodador porque, aunque por lo que dice en el cuestionario su ideología coincide con la mía, yo sé que se casó con la hija mayor del concejal de mi distrito que me cae fatal. Y así, oye, podemos quedarnos tranquilos con la certeza de que no aplaudimos en balde.

Además, como sería injusto hacia la gente del espectáculo el que solo ellos fueran medidos por sus pensamientos, tendríamos que llegar a llevar encima los cuestionarios para entregarlos a todos aquellos con los que tuviéramos relación ¿Que necesitas tomates? pues te bajas con tu cuestionario al mercado y no compras hasta que encuentras una frutería en la que las respuestas de todos los empleados coinciden con las que tú deseas ¿Que vas a ir en taxi al aeropuerto? Pues con el cuestionario por delante taxista por taxista ¿Que pretendes tomarte una caña con tus colegas? Pues cuestionario al canto a los camareros.

Y así, idiotas de nosotros, podríamos jodernos la vida sin necesidad de esperar a que Kim Jong-Un y Trump nos den el trabajo hecho.

 

 

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Otro cúmulo de errores

La corrupción vuelve a copar las portadas de los periódicos. En uno de ellos se leía hace unos días cómo uno de los implicados en el último caso en saltar a la prensa manifiestaba no haber cometido ningún delito “al menos conscientemente”, se deduce por tanto que, si el juez termina por decidir que sí lo cometió, sería fruto de un error.

Quizá también sean fruto de errores los casos Nóos, Gürtel, Palau, Palma Arena, Púnica… Los cobros de comisiones, los contratos amañados, los pagos indebidos, las ganancias ilícitas… errores, todo errores. Error también, el de muchos de los implicados al pensar que estaban por encima de la ley…

Error seguro el trato que cada partido político ha dado a los casos de corrupción que afectaban a sus cargos electos. Error el que no haya habido relevo en los puestos ejecutivos de los partidos por personas con trayectoria limpia. Error el que no surjan alternativas “limpias” de todas las ideologías y haya millones de personas que, ante unas elecciones, se vean abocadas a quedarse en casa o a votar a partidos manchados por múltiples casos de corrupción.

Error tras error…

 Y, quizá el mayor de todos, el de pensar que el enorme deterioro en la confianza depositada en los partidos tradicionales no va a ser aprovechado por otros en su propio beneficio. Ahora somos un país frágil en la confianza en nuestro sistema y cualquier manipulador que se precie sabe que una persona frágil es muy fácil de manipular. Cada nuevo error que sale a la luz hace que, los que seguro nos acechan, se froten las manos de satisfacción.

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Un cúmulo de errores

Uno de los regalos que recibo cuando paso unos días en casa de mis padres es que vuelvo a leer periódicos en papel. Mientras desayuno o después de desayunar, sentada, sin prisas, paso las hojas con la calma que las pantallas no permiten.

Hoy me detengo en un titular que parece irme dedicado, Cuando tienes 50 años te das cuenta de que te has equivocado en todo, leo mientras no puedo evitar pensar “C… , me han pillado“. Entrevista en El país B. González Harbour a Antonio Orejudo, escritor que presenta su última novela. Los Cinco y yo, en la que habla de esa mi generación que creció leyendo los libros de Los Cinco. En un momento de la entrevista el escritor se autopregunta y responde en estos términos: ¿Qué ha sido de nosotros 50 años después? Y el balance siempre es negativo. Da igual que seas millonario, cuando tienes 50 te das cuenta de que te has equivocado en todo. Hay frustración, desilusión. Hay que ser muy ingenuo para no estar desengañado literaria, política y vitalmente.

No creo que a todos los que alcanzamos esta cifra nos pase lo mismo ni en la misma forma pero sí me ha sorprendido que, cuando yo he empezado a contar esa sensación de fracaso, de haber construido una vida basada en un cúmulo de errores que me invade a ratos desde hace unos meses, he podido encontrar que es algo que varias personas que han llegado o pasado hace mucho tiempo esta edad, reconocen como propio, como algo que viven o que vivieron durante un tiempo. Leer además las palabras de Antonio Orejudo dándoles el carácter de aseveración y de condición general me hace, por un lado, sentirme un poco menos rara, y por otro, plantearme por qué ocurre y por qué a esta edad.

 Los 50 es una edad redonda, más cercana ya a la jubilación que al inicio de la vida laboral (los que cumplimos 50 ahora sí tuvimos opciones de empezar a trabajar pronto) en la que es fácil haber pensado en el pasado que sería un momento de haber alcanzado todas las aspiraciones de juventud y estarse dedicando a disfrutar lo conseguido. Las familias construidas y los hijos creciendo, los trabajos asentados después de algún ascenso, físicamente activos y mentalmente jóvenes… una edad perfecta… si las vidas se escribieran como una historia plana y sin sorpresas. Pero en todas las vidas hay sorpresas, hay caminos que no llevan a donde creíamos, sueños que se consiguen y uno se pregunta ¿y después qué? ¿debo soñar más o aquí me paro?, también hay otros sueños que, al conseguirlos, se disuelven como el algodón de azúcar en la boca y hay otros  tantos que quizá necesitan más tiempo para ser conseguidos pero, llegados los 50, uno a veces siente si esos no tendrían ya que ser abandonados para limitarnos a conformarnos con aquello que se ha podido llegar a ser.

Creo también que, al menos en la parte de las XX, que es la que yo conozco, las hormonas juegan un papel perverso. Es el momento en que la vida fértil va llegando a su fin y la revolución hormonal que eso provoca contagia esa sensación de fin de ciclo a todo el organismo, hasta llegar al órgano pensante.

Época convulsa los 50 parece ser…

Os iré contando, aunque ya sabéis que crédito no podéis darme mucho porque es probable que al día siguiente ya me esté dando cuenta de que todo lo que digo, incluso en esta entrada, no es más que una pequeña parte de otro gran error 😉

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A ver si es verdad

La escenificación del desarme de ETA este último sábado me pilló casualmente leyendo Patria, la novela de Fernando Aramburu sobre el devenir durante cincuenta años de dos familias vascas marcadas por el terrorismo desde el diferente papel de dos miembros de ellas, uno como integrante de la banda y otro como objetivo.

El libro, muy bien escrito, te traslada de uno a otro de los nueve personajes principales a la vez que recorre esos alrededor de cincuenta años, desde los años de juventud y amistad de las madres de las dos familias hasta el año en que ETA anuncia el cese de la violencia. Y, al recorrer esos años el escritor, no solo te cuenta su historia sino que te “obliga” a actualizar tus propios recuerdos de aquellos años.

En mera cifra hace ahora ya siete años del último asesinato, pero las muertes nunca son solo una cifra. Hasta entonces y desde la década de los sesenta nos acostumbramos a que de vez en cuando los noticiarios abrieran con la noticia de un atentado en cualquier lugar de España. Atentados que te impactaban y revolvían, atentados con muertos de cualquier edad y condición. Más de ochocientos muertos, más de ochocientas personas con familia, amigos…, además los heridos, los secuestrados… miles de personas afectadas directamente, y varios millones indirectamente.

Al final, todos éramos afectados, porque todos los que vivimos esos años podemos recordar las portadas de los periódicos con fotos de gente ensangrentada, las imágenes en televisión de coches reventados salpicados de restos humanos, muchos podemos recordar también el retumbe del sonido o el temblor en tu propia casa cuando la bomba estaba colocada unas cuantas manzanas más allá, yo recuerdo el silencio en un taxi cuando la noticia de un nuevo atentado me sorprendió en Euskadi…

Durante esos largos años el que ETA dejara de matar era una aspiración constante porque el terrorismo de ETA era una de nuestras mayores preocupaciones, hubo años en los que en las encuestas del CIS se reflejaba como la máxima preocupación.

Sin entrar en la simbología del acto de ayer, el hecho de que ETA entregara sus armas es un sueño colectivo conseguido. No cierra las heridas, ni mucho menos, pero añade concreción a una paz conquistada en gran medida por quienes más sufrieron. Con el tiempo llegará la disolución, y quizá también la completa resolución de los crímenes aún pendientes de esclarecer, y es posible que, mucho tiempo después, llegue incluso el olvido. Para vacunarnos contra él es bueno el libro de Aramburu, porque lo que cuenta nos pasó a todos y hace no mucho tiempo. La entrega de armas parece es la forma que suelen tener quienes actúan con ellas  para decirnos que no nos volverá a pasar. A ver si es verdad.

Imagen destacada: Un policía francés lleva dos bolsas de plástico con armamento de ETA (Bob Edme / AP) La Vanguardia Web (editada en blanco y negro).

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Cuando no nos gusta lo que alguien expresa

Y seguimos a vueltas con la libertad de expresión. Este lunes, apagado un poco el fuego del autobús naranja (no para los organizadores, que han denunciado a la alcaldesa de Madrid por acoso) nuevas polémicas con el mismo tema de fondo ocupan portadas e informaciones digitales. Desde la asociación de la prensa que exige a un partido político que acabe con sus presiones y amenazas a los periodistas con cuyas informaciones no están de acuerdo, hasta el programa, de humor según sus responsables, emitido por una televisión pública que, al reunir manifestaciones despectivas sobre el conjunto de españoles o sobre los símbolos del estado, ha dado lugar a un goteo de protestas, justificaciones, avisos de denuncias… hasta llegar a un comunicado de rechazo de las opiniones emitidas por una actriz en dicho programa por parte de director, productores, actores y hasta escritora de la novela original en que se basa una película recién estrenada en la que esa actriz desempeña un papel secundario. Todos ellos firman deplorar y rechazar dichas opiniones en un comunicado orquestado rápidamente para evitar que triunfe el boicot a la película que se está extendiendo como la pólvora por las redes sociales.

No es la primera vez que pasa. Hace unos meses era “La reina de España” la película objeto de petición de boicot total a causa de unas antiguas declaraciones del director, Fernando Trueba, en las que decía no haberse sentido español ni cinco minutos de su vida.

A mí las declaraciones de Fernando Trueba, siendo totalmente legítimas, que allá cada cual con lo que se siente o no, me parecieron una metedura de pata al formar parte del discurso de agradecimiento a un premio nacional que te está entregando un ministro. Declaraciones poco adecuadas protocolariamente, nada más.

Y lo poco que he podido ver del programa de Eitb (solo el resumen de ocho minutos que sus responsables acusan de sesgado y es muy posible que sí lo sea) tampoco me parece adecuado para una emisión de una televisión pública.

Tampoco estoy nada de acuerdo, obviamente, con la actriz secundaria de la película que acusa a los miembros de un colectivo al que pertenezco de atrasados culturalmente, catetos o machistas, hasta ahí podíamos llegar, claro. No me gustan, aunque no estoy segura de si su intervención corresponde a un papel que, como actriz, interpreta o a su opinión real. Si fuera este último el caso, sus opiniones serían muy diferentes a las mías y ella sería un poco inconsciente al contarlas a una cámara cuando está a punto de estrenarse un trabajo que ha de “vender” a ese colectivo que tan poco le gusta.

No sé si esta moda incipiente de los boicots pretende que los aficionados al cine comprobemos antes de asistir a una proyección el historial de declaraciones públicas de cada uno de los miembros del elenco y del equipo técnico, no sea que vayamos a ver el resultado del trabajo de gente que tiene opiniones que no nos gustan. Probablemente el paso siguiente sea pedir que en cada película solo participen actores y técnicos con ideología acorde con el director, que para eso manda, o que junto con la calificación por edad de cada peli se dé una calificación ideológica.

Y, llegados a eso ¿por qué vamos a distinguir al cine del resto los trabajos? listas ideológicas para todo. A ver si ahora me va a venir un fontanero tarareando a saber qué himno o va a resultar que el autobús que me lleva al trabajo lo conduce alguien con ideas “raras”.

Parece exagerado, sí, pero lo del boicot a las pelis es un comienzo, un muy peligroso comienzo. Como el de las presiones y amenazas a periodistas cuando no se está de acuerdo con sus informaciones…

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Más femenino singular

Hoy no pensaba escribir. El tema del que hoy me salía escribir era un poco más de lo mismo sobre mi artículo anterior. Más sobre lo femenino, más hablar de las mujeres y nuestro papel en el mundo. Alguna experiencia propia en los últimos días y el haber visto ayer con mis hijos parte del último Salvados, titulado Nosotras, me inducía a eso.

No pensaba escribir, digo, por no repetirme, en este blog en el que el tema vuelve de vez en cuando, por no repetirme tan seguido al menos. Pero esta tarde he estado leyendo algunas noticias, como el espantoso record de tres mujeres muertas por violencia machista en solo cuarenta y ocho horas  o el entregado discurso de Madonna al recoger un premio a la mujer del año, y he terminado pensando que quizá no solo no debería evitar repetirme, sino que lo obligado era hacerlo.

En nuestro mundo cada día no sé si decenas o cientos de mujeres mueren a manos de sus parejas, cada día cientos o miles de niñas son obligadas a casarse o a prostituirse, cada día innumerables actos perjudican a mujeres y niñas por el mero hecho de serlo, cada día, repitiéndose. Por eso ha dejado de parecerme mal el hecho de repetirme al hablar de ello.

Del discurso de Madonna me ha llamado la atención la acusación que recibió de una escritora feminista de que hacía retroceder a las mujeres, de que su actuación individual al exponerse sexualmente perjudicaba a las demás. Esa acusación no es más que una muestra de esa exigencia para cada mujer que alcanza cualquier tipo de éxito de representar a la mitad de la humanidad. Es verdad que cada mujer que llega a puestos antes solo reservados a varones rompe una lanza por todas las que aún no llegaron pero esa responsabilidad es una carga añadida que los hombres no tienen.

Hay muchos hitos pendientes de conseguir, los primeros sin duda los de acabar con las muertes y la explotación sexual, pero deberíamos aspirar a que, tanto en el éxito como en el fracaso, se nos trate como los individuos únicos que todas somos. Que se nos reconozca tanto el derecho a ser tratadas con equidad en el reparto de oportunidades como el de representarnos única y exclusivamente a nosotras mismas. Que la exposición sexual de Madonna le haga avanzar o retroceder a ella como artista, si es que eso tiene algún sentido, y que las meteduras de pata de cada mujer en puestos de responsabilidad le perjudiquen única y exclusivamente a cada una.

Llegará el día en que, cuando una mujer alcance el éxito en cualquier ámbito, recibirá todos los honores que su actuación merezca sin que se haga continua mención a su sexo. Llegará el día en que los discursos como el de Madonna estarán fuera de lugar y en blogs como este no habrá excusa para repetir tema.

¿Llegará? ¿Seguro?

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Hacer los deberes

Este pasado fin de semana había convocada una huelga infantil: huelga de deberes. La CEAPA (Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos) pide a las familias que los niños no hagan los deberes durante los fines de semana del mes de noviembre para denunciar la sobrecarga de trabajo extraescolar que sufren los niños y, en consecuencia, sus familias.

CEAPA aboga por la eliminación total de los deberes porque considera que representan un fracaso del sistema educativo, provocan desigualdades sociales, crean tensiones familiares, constituyen un problema para los padres que salen tarde de trabajar y no disponen de tiempo y porque los niños necesitan tiempo para realizar actividades deportivas. Como alternativa proponen que se reforme el currículum educativo para establecer una enseñanza más motivadora, práctica y centrada en la adquisición de competencias básicas, que los deberes sólo se constituyan por formación complementaria y puedan realizarse sin la ayuda de un adulto y que todos los centros educativos oferten programas de refuerzo educativo para que los alumnos con dificultades puedan quedarse un tiempo al término de la jornada escolar y reciban alguna clase de apoyo en las materias que lleven más atrasadas.

Dentro de una reivindicación más amplia sobre el sistema educativo, la eliminación de los deberes se ha convertido en tema central y fuente de conflicto entre todos los sectores implicados: niños, profesores, familias.

Como niño, malo es hacer deberes pero si mientras los haces tu familia, en vez de ayudarte o poner los medios para que los hagas con tranquilidad, te calienta la cabeza con la inutilidad de ellos y con críticas a los profesores que te los ponen, al final o no los haces o los terminas haciendo pero seguro de mal humor con lo que resultarán peor y se tardará más tiempo.

Como profesor, el tener que negociar con las familias las decisiones sobre el trabajo a realizar en casa implica una duda sobre su capacitación profesional al no considerarle preparado para reconocer el trabajo que los niños necesitan hacer y la capacidad de estos para realizarlo, y a ningún profesional le gusta que se desconfíe de su buen hacer.

Como familia, los deberes exagerados han de entrar en tu organización familiar y exigen la implicación de los padres. La vida de las familias con niños en edad escolar termina girando en torno a esas tareas con lo que se añade presión al niño que tiene a la familia pendiente de que acabe y a la familia entera que pasa más tiempo compartiendo obligaciones que diversiones.

Pero la eliminación total de los deberes sin que se produzca ningún cambio más en el sistema educativo solo eliminará la presión sobre los padres, a los que se liberará de la atención académica a sus hijos. A los profesores se les incrementará la presión para conseguir unos objetivos marcados legalmente sin la posibilidad de que los niños refuercen lo aprendido en casa y esa presión, aunque sea solo en el aula, afectará a los niños que estarán también presionados por alcanzar unos estándares que, si no se transforma el sistema entero, no se van a modificar y van a ser más difíciles de alcanzar con menos horas de trabajo.

No creo que la eliminación de los deberes elimine desigualdades, más bien al contrario. Los niños con problemas para seguir las clases que tengan la suerte de tener padres con preparación y tiempo para dedicarles van a seguir trabajando en casa para no descolgarse del resto. Niños con esas mismas dificultades pero con padres que no tienen preparación suficiente y que no puedan (o no quieran, que también hay) dedicarles tiempo, al no tener ningún trabajo que hacer en casa, con o sin supervisión, se terminarán descolgando del resto, con lo que la desigualdad será mayor.

En el colegio, como en el mundo real, la única forma de suplir carencias (en este caso intelectuales y académicas) es el trabajo. Con el sistema educativo actual la ausencia de deberes beneficiará a los niños que no necesitan apoyo añadido, porque mantendrán invariables sus inmejorables notas y tendrán mucho tiempo libre. Los niños que necesitan mayor esfuerzo, al no realizarlo en casa, ganarán tiempo libre pero perderán ritmo con respecto al resto de la clase y terminarán suspendiendo. Para estos niños, que son la mayoría, es para los que los deberes suponen una ayuda, siempre que sean pocos y adecuados a la edad, pero diarios, para que les permitan reforzar lo aprendido, seguir el ritmo del resto de los niños e ir cogiendo poco a poco ritmo de trabajo para años venideros.

Otra cosa es que alcanzáramos la maravilla de un pacto educativo que modifique nuestro sistema para adaptarlo al mundo real en el que vivirán nuestros hijos y que en ese nuevo sistema la labor de los profesores sea de acompañamiento en el aprendizaje en vez de transmisión continua de contenidos y que la evaluación de nuestros hijos no se realice únicamente mediante exámenes estandarizados y continuos. En ese nuevo sistema de aprendizaje quizá los deberes no tengan sentido pero no nos movemos en ese escenario.

Mientras el sistema no cambie, los deberes diarios adecuados a la edad de los niños más que crear desigualdad, ayudan a garantizar oportunidades a los niños menos brillantes y a reducir diferencias con el resto. Pero las diferencias entre estudiantes, con deberes o sin deberes, seguirán existiendo. Las marca su capacidad intelectual, su carácter, su curiosidad, su necesidad, o no, de aprender, su capacidad de esfuerzo y, en gran medida mientras son niños, el apoyo familiar. Y es este último el que mayor peso tiene en la determinación de la carrera académica de los niños.

Los deberes no provocan desigualdades sociales, las desigualdades sociales entre los niños existen y no van a desaparecer con los deberes. Solo lo harían, al menos en lo que se refiere a la educación, con un sistema educativo nuevo que garantizara una educación de calidad para todos, con todos los apoyos escolares y familiares necesarios para conseguirlo en cada niño. Es así de sencillo. En cuanto nuestros nuevos parlamentarios empiecen a trabajar, seguro que en un pis pas ponen en práctica ese su deseo pre-electoral de pacto educativo y nos resuelven esta preocupación. Porque si hay alguien que hace ya tiempo que tendría que haber hecho sus deberes, son ellos.

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Puestos a elegir

Está claro que las declaraciones de Donald Trump en su carrera por conseguir el gobierno del país más poderoso de la tierra ya no sorprenden a nadie. Tras crear en los últimos días cierta expectación con su ambigüedad al manifestar su opinión sobre la limpieza de los procesos electorales en los Estados Unidos y su aceptación o no del resultado del que va a celebrarse el próximo martes 8 de noviembre, se ha aprestado a disipar todas las dudas al declarar su clara intención de respetar ese resultado… si es él el ganador.

Obviando el “pequeño detalle” de que las responsabilidades del puesto al que aspira no admiten bromas, tontería más o tontería menos en este señor ya ni siquiera nos produce sorpresa. Son cosas de Trump que ya no van a variar la consideración que cada uno tiene de él, cosas de Trump y ya, ahí se quedan, porque, después de una vida expuesta a los medios de comunicación, acreditada está su falta de respeto hacia todo lo que no le gusta, sean gobiernos, actitudes, objetos o personas (la diferencia entre estas dos últimas opciones no parece además algo que él quiera tener muy claro). Un perfil que no parece casar con un régimen democrático basado en la igualdad de derechos individuales con independencia de la procedencia, sexo, credo u opinión de cada uno. Resulta difícil creer que vaya a amparar esa igualdad alguien cuyo espíritu democrático alcanza solo hasta el provecho de la oportunidad de presentarse a unas elecciones. Él seguro defiende su ampliamente democrática personalidad, aunque en realidad sea bastante parcial al concretarse en una defensa a ultranza del derecho a la igualdad y a la manifestación de las opiniones de cada cual… siempre que sean las opiniones y colectivos adecuados.

Hay una clara similitud entre la democracia parcial y la dictadura. En todas estas se suele defender la existencia del derecho a la manifestación de opiniones, aunque ese derecho suela concretarse en una libertad total de expresión de opiniones… siempre que sean acordes con el régimen imperante. El disfrute del derecho es infinito, sin ninguna cortapisa… si lo que vas a exponer es acorde con quienes manejan el cotarro. Al final parece que en estas digamos democracias parciales tus derechos democráticos dependen de la suerte. Si  la tienes y perteneces a los colectivos que el régimen ampara y tus opiniones son coincidentes (siempre que actúes y vivas sin mirar a tu alrededor, claro) lo haces sin grandes problemas.

En estos últimos meses de incertidumbre política ha pasado a ser habitual el que los comentarios sobre las opciones que no compartimos incluyan una descalificación. Supongo que, como todos pensamos que nuestra opción ideológica es la más sensata, la más inteligente, lo siguiente es pensar que los que no votan como nosotros o no son tan sensatos e inteligentes como nosotros o no lo han pensado bien, así que todos aquellos a los que les ha dado por votar (a la ligera, claro, que si lo hubieran pensado lo habrían hecho bien) a otro partido diferente del que a nosotros nos gusta no pueden ser más que inconscientes, si no lo han pensado bien, o tontos perdidos, por haberlo pensado y a pesar de eso haberlo hecho así de mal. Y ya está, no solo lo pensamos sino que, con la mayor naturalidad, lo soltamos a quien nos quiera oír. Hay quién da un paso más y llega a la verdad absoluta de que el único voto respetable es el coincidente con su ideología, pero eso sí, desde el más absoluto espíritu democrático.

El último en soltar una perla así ha sido un exjuez muy mediático para su profesión que anda promocionando un libro de memorias. El periódico publicaba esta semana una entrevista en la que, a la pregunta ‘Gürtel’, Púnica, Taula… pero el PP gana las elecciones, este antiguo juez respondía: Esa es una de las grandes contradicciones sobre las que algún día tendremos que reflexionar en España. Yo no las puedo comprender ni las puedo aceptar. Respeto que cada uno vote a quien quiera votar pero eso no quiere decir que sea correcto. No es correcto votar a quien no es transparente, a quien no favorece un gobierno limpio, decente. 

No puedo aceptar, no es correcto votar… ¿está tan lejos de lo que dice Trump?

El espíritu democrático que inspira estas declaraciones ¿no es un poquito parcial?

La democracia es un régimen político que hay que currarse.  Tanta descalificación y falta de respeto a la opción adversa parece una señal de que hay quienes quieren dejar de esforzarse por ella para optar por parcialidades democráticas a medida.

Cada quien tiene derecho a concentrar sus esfuerzos donde le plazca pero la historia nos avisa de que las decisiones sobre qué parcialidad democrática concreta se aplica a un país se toman más con puñetazos y balas que con votos. Y los votos tendrán sus defectos pero puestos a elegir…

Imagen destacada: Urna, de·júbilo·haku·, vía flickr.

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Sobre los premios Nobel

Ya hemos tratado otras veces en este blog esa manía opinadora que tenemos ahora. Siendo una gran ventaja de nuestro mundo esta facilidad para manifestar nuestra opinión y lanzarla a los cuatro vientos, también es cierto que no nos conformamos con esa manifestación y pretendemos que haya de tenerse en cuenta siempre, incluso para los premios Nobel.

Tras haber leído en estos últimos días diversas opiniones sobre los premiados con los Nobel de la Paz y Literatura, yo he decidido aprovechar mi artículo de los lunes para opinar también e ir más allá, porque no entiendo cómo los opinadores de las redes sociales se conforman con manifestarse solo sobre dos de los premios instituidos por D. Alfred Nobel habiendo seis (en realidad cinco según el testamento del Sr. Nobel y uno, el de Economía, añadido posteriormente en 1969 por la donación a la Fundación Nobel desde el banco central sueco), así que yo, que creo que ya que opinamos debemos hacerlo sin coartarnos,  voy a opinar sobre todos. Allá voy:

  • Premio Nobel de Física 2016, otorgado a David Thouless, Duncan Haldane y Michael Kosterlitz  por los descubrimientos teóricos de las transiciones de fase topológica y fases topológicas de la materia. Estoy de acuerdo.
  • Premio Nobel de Química 2016 a Jean-Pierre Sauvage, J. Fraser Stoddart y Bernard L. Feringa por el diseño y la síntesis de las máquinas moleculares. Cómo no voy a estar de acuerdo.
  • Premio Nobel de Economía 2016 otorgado a Beng Holmström y Oliver Hart por sus aportaciones a la teoría del contrato. Por descontado estoy totalmente de acuerdo.
  • Premio Nobel de Medicina 2016 a Yoshinori Oshumi por su papel en el estudio de los mecanismos subyacentes a la autofagia. Buenoooo, con este claro que estoy de acuerdo, es más ya se me había ocurrido a  mí antes que a la Real Academia de las Ciencias Sueca 😉
  • Premio Nobel de la Paz 2016 a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia desde 2016 por sus esfuerzos para acabar con el conflicto más largo del siglo. Con este, como el resto de los opinadores sociales, ya podría extenderme porque al menos me suena la cara del premiado y sé de qué va pero, para que no parezca que soy poco equitativa o que sé más de Paz que de Física, Química, Medicina o Economía en perjuicio de mi imagen intelectual,  seré parca y diré que, al menos en el argumento esgrimido por el Comité Noruego que otorga el premio, me parece tienen toda la razón.
  • Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción. ¿Y ahora es cuando me ensaño con Bob Dylan y la Academia Sueca? ¿Para una de las pocas veces que me suena el nombre del premiado, le pongo cara y hasta conozco alguna de sus obras? ¿para una de las pocas veces que la academia no me hace sentir ignorante como lectora al premiar a quienes no solo no he leído, sino que no reconozco sus caras y a veces ni siquiera me suenan sus nombres?

 

Igual que hago para la Física, la Química, la Medicina y la Economía, voy a seguir pensando que quienes adjudican los premios deben saber muy bien lo que hacen y que, si a mí jamás se me había ocurrido que Bob Dylan pudiera ser premiado con un Nobel de Literatura, el fallo es mío por no haber sabido leer sus letras como sin duda, como entiende la Academia Sueca, merecen.

Ahora espero a que, así como otros años las editoriales se lanzan como posesas a editar, comprar derechos de traducción o reeditar las obras de los premiados en literatura, este año, para no ser menos, ya hayan enviado a imprenta una recopilación de todas las letras de sus canciones, con una buena traducción y con un cd que permita, por primera vez en la historia de los premios de Literatura, escuchar la obra narrada con la voz del propio autor y entonada con la música que él mismo pensó era adecuada a cada historia. Un magnífico regalo para los forofos de la narración de historias.

Imagen destacada: Alfred Nobel – Nobelsymbolet de Aktiv I Oslo.no, vía flickr.

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