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No es no

No es en los últimos meses una palabra de moda. Sirvan como ejemplo sus victorias en los referéndums sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea celebrado en junio y sobre el acuerdo de paz en Colombia celebrado el penúltimo domingo. Es una palabra clara y rotunda que no admite matices y por ello en Reino Unido y la Unión Europea diplomáticos y políticos se aprestan a preparar sus estrategias para la negociación del Brexit mientras gobierno colombiano y FARC preparan las suyas para continuar una negociación que transforme lo ofrecido al pueblo colombiano en  un nuevo acuerdo que sí pueda convencerles.

Famoso ha sido también el no de Pedro Sánchez a un gobierno de Mariano Rahoy, y ese serio revés, ya se verá si serio o definitivo, a su carrera política  que le ha costado su mantenimiento.

Y sigue habiendo un goteo de noticias con el no, claro y rotundo, en su titular: la negativa de la campeona de ajedrez de Estados Unidos a jugar con hiyab en el mundial que se celebrará en Irán en 2017, las razones de Bonucci para negarse a fichar por el Manchester United de Mourinho o las de Sergio Llull para no ir a la NBA. Noes con un significado inequívoco.

Pues, a pesar de tal bombardeo informativo con la palabrita, parece mentira que aún haya gente que no termina de entenderla. Véase si no ese “para, eso no” que un par de jóvenes futbolistas escucharon de su también joven compañera en la práctica de unas actividades que suelen reservarse para la intimidad, cuando ella observó que empezaban a grabarlas. Como los chicos no lo entendieron, no solo siguieron grabando sino que el vídeo fue compartido y, de cuenta en cuenta, ha llegado a ser público. Previa denuncia de la mujer grabada sin su consentimiento, ahora habrán de ser los jueces los que expliquen a los denunciados el sencillo significado de la palabra.

Pero no es la primera vez que los jueces, o los legisladores, suplantan a los diccionarios para explicar el significado de la combinación de esas dos fáciles letras. El pasado verano el parlamento alemán hubo de aprobar, y lo hizo por unanimidad, una modificación legal que permitiera a los jueces determinar que cualquier acercamiento sexual que sea recibido con un no como respuesta sea considerado como agresión, sin necesidad de que, como establecía su legislación anterior y aún establece la nuestra, medie violencia o intimidación.

A la espera de que nuestra legislación llegue a recoger el espíritu de la alemana, no es no, administraciones de toda nuestra geografía organizan campañas en prevención de las agresiones sexistas en fiestas con ese mismo lema.

¿Tan difícil es de entender?

Imagen destacada: NO!, de duncan c, vía flickr.

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Sobre la adversidad y la paz

Tras este entretenido último sábado parece que, sin saber aún si hemos asistido a la muerte de un partido político, lo que sí hemos hecho ha sido presenciar la retransmisión minuto a minuto del momento en que su grave enfermedad ha entrado en crisis reventando sus pústulas frente a un público atónito.

El sábado informativo terminó con la derrota de los postulados de Pedro Sánchez  en una votación interna rodeada de tensiones y con la anunciada consecuencia de la dimisión del último líder del partido socialista. Declaraciones a la puerta de Ferraz, tuits de los implicados, comentarios de los espectadores y hasta fotos durante el enconado desarrollo de los debates, nos han permitido no perdernos ni una gotita del pus destilado.

En el fondo de todo la disputa sobre a quién corresponde tomar las decisiones en el partido (¿al Secretario General? ¿a los órganos colegiados? ¿a los militantes de base? ¿a los millones de electores no militantes que les confían su voto?), con el añadido de esa interpretación de las normas que lo rigen a conveniencia de cada uno, porque los estatutos del PSOE, que yo no he leído, parece establecen reglas totalmente contrapuestas según las interprete uno u otro bando de esos que Susana Díaz dice que no existen.

Decidir en la adversidad, qué difícil.

Cuando el viento sopla de cara todas las organizaciones funcionan a la perfección: los partidos políticos,  los gobiernos, las empresas, las familias, las parejas y hasta el cuerpo humano. Habiendo salud, el corazón suple bombeando en más o en menos las carencias o acumulaciones de riego sanguíneo que los esfuerzos producen en cada órgano. Por eso los cardiólogos, cuando se prevén ajetreos corporales o hay sospechas de que la máquina pueda fallar, realizan un test de esfuerzo, o de estrés, para ver si, en circunstancias extremas, el núcleo de la organización corporal puede responder a tiempo y asegurar el funcionamiento óptimo de toda la organización.

Con el mismo fundamento que la prueba de esfuerzo cardíaca, el sistema financiero es también objeto de chequeo a través de su propio test de estrés. Mediante la simulación de situaciones adversas, se evalúa si las entidades financieras, y con ellas el sistema financiero en general, serían capaces de adaptar sus decisiones y sobrevivir.

El sistema político no está sometido a los controles del sistema nacional de salud ni a los del sistema financiero por lo que no hay simulaciones en sus tests de estrés y los terminan pasando a lo vivo en situaciones reales. En los últimos años, el deterioro de la situación económica y el mal uso por los elegidos de la confianza depositada por los electores han producido el menoscabo de la imagen de las instituciones y el cansancio hasta el hastío de los potenciales votantes, con lo que la situación para los partidos políticos preexistentes ha devenido en bastante adversa y se hallan inmersos todos en su propio test de estrés. El partido socialista acaba de suspender el suyo dilatando con ello el desenlace del del partido popular.

Por otro lado, de los dos partidos emergentes, Podemos y sus confluencias andan también enfrentándose al cambio de situación que supone pasar de la oposición en las calles al desempeño de diversas cuotas de poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, un cambio que, como se está viendo con las fricciones entre corrientes e individuos que, discretas o publicitadas, no dejan de ocurrir, también les convierte en actuales evaluandos de su estrés interno.

Mientras, en Ciudadanos, con un perfil más comedido que los anteriores en sus aspiraciones y en sus resultados, parecen estar apartados sin mover un músculo mientras los demás se destrozan entre ellos o a sí mismos. Eso no creo que ni les vaya a favorecer en el voto ni les salve de la desaparición pero, si desaparecen, al menos lo harán sin estertores.

Y, si según yo lo veo, uno de los partidos de ámbito nacional (que representa a algo más de cinco millones de votantes en las últimas elecciones) acaba de suspender su test de estrés y al menos dos de los partidos políticos del panorama nacional (que representan a casi ocho millones por un lado y poco más de cinco millones de votantes por el otro) están pasando los suyos en la actualidad sin ninguna certeza de que los resultados vayan a ser exitosos ¿qué pasa con el sistema político nacional? ¿qué posibilidades tenemos como nación de conseguir ese gobierno estable imprescindible ahora para afrontar las adversidades comunes?

No siendo militante, afiliada y ni siquiera votante entusiasta (si es que esa posibilidad ahora existe para alguien) de ningún partido, quizá las dificultades internas de cada uno de ellos deberían resultarme indiferentes pero, dado su encaje dentro de un sistema mayor al que sí pertenezco, no puedo evitar una permanente inquietud al no ser capaz de contestar con optimismo a la última pregunta de mi párrafo anterior.

Mientras tanto ayer en Colombia se intentaba dar un paso más para la solución de un conflicto que, en comparación, deja al del comité federal del PSOE a la altura de una pelea de arenero de parque infantil. Tras varias décadas en guerra, miles de muertos, cientos de miles de víctimas y pérdidas económicas de muchos millones de pesos colombianos, en el plebiscito de ayer víctimas y verdugos se enfrentaban en las urnas a una quizá demasiado sencilla pregunta para todo lo que implicaría un acuerdo plasmado en cerca de doscientos folios ¿apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?, con solo dos posibles respuestas, sí y no. Y, a pesar de que la pregunta parecía estar enunciada para que la única respuesta fácil fuera el sí ¿cómo no vas estar a favor de la construcción de una paz estable y duradera? y que las expectativas y sondeos daban por segura la respuesta afirmativa, la mayoría de los votantes ha respondido no y el acuerdo no puede llevarse a cabo.

Hoy, aunque el gobierno y las FARC han respondido al resultado asegurando que el alto el fuego sigue en pie y van a seguir negociando, es difícil ser optimista. Sin las contrapartidas que el acuerdo les otorgaba… ¿cuánto tiempo aguantarán las guerrillas inactivas?  Quizá era demasiado pronto para pedir olvido pero, tras el rechazo del acuerdo ¿qué posibilidades tendrá Colombia como nación de conseguir esa paz estable imprescindible para afrontar sus adversidades comunes?

No puedo evitar comparar adversidades y posibilidades en esa misma pregunta enunciada para dos países con tres párrafos de diferencia. Conseguir la paz o conseguir un “simple” acuerdo de gobernabilidad para cuatro años en un país en paz ¿qué será más difícil?

Visto lo visto, yo no me atrevo a mojarme.

 

Imagen destacada: Paz, The Real Estreya, via flickr modificado color.

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