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Al sol y al agua

Sentada sola en la playa sobre la arena fría en la bajamar miraba el pequeño bamboleo del agua. El sol, indeciso, quería asomarse por el horizonte y apenas dos gaviotas se atrevían a cortar el silencioso estreno de la mañana.

A primera vista desde el paseo marítimo su presencia parecía el centro de una postal con una escena idílica en la playa. Los colores, la luz… A ella se le veía serena, se diría feliz, con la vista fija en los primeros rayos. Apoyó la cabeza sobre los brazos cruzados en sus rodillas y la dejó descansar unos minutos. Al levantarla, no pudo evitar gritarle al sol toda su angustia: no salgas aún, no salgas.

Allí sentada, sola, frente al mar, sin mover más músculo que el corazón, estaba huyendo. La tarde anterior, cuando ese mismo sol que ahora iba a salir pugnaba por esconderse, le había hecho un juramento: no volverás a salir sin que yo haya puesto fin a esto. Pero, en vez de dirigirse a casa a ejecutar su propósito, se quedó en la playa, sentada, sola, reuniendo fuerzas.

Años atrás había decidido que, ya que no iba a poder escapar de ella, al menos sería la única persona a quién doliera su vida. Y empezó a vivir dos versiones, la real y la visible. Y a todo el mundo pareció valerle. El plan se mostró imperfecto cuando llegó a necesitar alguien con quien compartir su verdad pero, por no estropear su primera decisión, eligió como confidentes solo al sol y al agua. Al sol porque sentía que, por mucho que le pesara lo que ella le contara, jamás produciría ningún efecto, su ritmo de salida, de subida y de bajada no se alteraría y eso, sorprendentemente, le daba seguridad. Que el horror no hiciera mella más que en ella. Y el agua por lo contrario, por su continua alteración, por su rápido efecto de inundarlo todo. Si quieres deshacerte de algo, escúpelo al agua, a las malas te lo devolverá enseguida pero limpio, mojado, inundado, a las buenas se lo llevará o lo diluirá, para siempre.  Hablarle al sol o sumergirse en el agua fueron sus terapias. Y sobrevivió, hasta ayer. Una pequeña línea azul horizontal en un test desbarató su proyecto de vida.

El sol iba a salir. Ya no había tiempo, tenía que dejar de huir.

Alba se levantó, desperezó huesos y músculos y se detuvo un momento a apreciar el roce de la arena en sus pies. Se concentró en esa sensación mientras, paso a paso, se acercaba al agua. Para cuando sus dedos se humedecieron ya había logrado respirar y caminar con la misma cadencia regular. Sin modificarla siguió moviéndose: inspirar, expirar, inspirar, expirar, pie derecho, pie izquierdo, pie derecho… inspirar, expirar…

Sintió un pequeño escalofrío cuando el agua fría mojó su vientre pero para entonces sus movimientos eran tan automáticos que no se alteraron. Al saborear el salitre cerró los ojos y siguió moviendo sus pies: derecho, izquierdo, derecho, izquierdo, inspirar, expirar, inspirar, expirar, inspirar.

 

 

Imagen destacada: foto original de Marcos Chicharro.

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Otro cúmulo de errores

La corrupción vuelve a copar las portadas de los periódicos. En uno de ellos se leía hace unos días cómo uno de los implicados en el último caso en saltar a la prensa manifiestaba no haber cometido ningún delito “al menos conscientemente”, se deduce por tanto que, si el juez termina por decidir que sí lo cometió, sería fruto de un error.

Quizá también sean fruto de errores los casos Nóos, Gürtel, Palau, Palma Arena, Púnica… Los cobros de comisiones, los contratos amañados, los pagos indebidos, las ganancias ilícitas… errores, todo errores. Error también, el de muchos de los implicados al pensar que estaban por encima de la ley…

Error seguro el trato que cada partido político ha dado a los casos de corrupción que afectaban a sus cargos electos. Error el que no haya habido relevo en los puestos ejecutivos de los partidos por personas con trayectoria limpia. Error el que no surjan alternativas “limpias” de todas las ideologías y haya millones de personas que, ante unas elecciones, se vean abocadas a quedarse en casa o a votar a partidos manchados por múltiples casos de corrupción.

Error tras error…

 Y, quizá el mayor de todos, el de pensar que el enorme deterioro en la confianza depositada en los partidos tradicionales no va a ser aprovechado por otros en su propio beneficio. Ahora somos un país frágil en la confianza en nuestro sistema y cualquier manipulador que se precie sabe que una persona frágil es muy fácil de manipular. Cada nuevo error que sale a la luz hace que, los que seguro nos acechan, se froten las manos de satisfacción.

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Un cúmulo de errores

Uno de los regalos que recibo cuando paso unos días en casa de mis padres es que vuelvo a leer periódicos en papel. Mientras desayuno o después de desayunar, sentada, sin prisas, paso las hojas con la calma que las pantallas no permiten.

Hoy me detengo en un titular que parece irme dedicado, Cuando tienes 50 años te das cuenta de que te has equivocado en todo, leo mientras no puedo evitar pensar “C… , me han pillado“. Entrevista en El país B. González Harbour a Antonio Orejudo, escritor que presenta su última novela. Los Cinco y yo, en la que habla de esa mi generación que creció leyendo los libros de Los Cinco. En un momento de la entrevista el escritor se autopregunta y responde en estos términos: ¿Qué ha sido de nosotros 50 años después? Y el balance siempre es negativo. Da igual que seas millonario, cuando tienes 50 te das cuenta de que te has equivocado en todo. Hay frustración, desilusión. Hay que ser muy ingenuo para no estar desengañado literaria, política y vitalmente.

No creo que a todos los que alcanzamos esta cifra nos pase lo mismo ni en la misma forma pero sí me ha sorprendido que, cuando yo he empezado a contar esa sensación de fracaso, de haber construido una vida basada en un cúmulo de errores que me invade a ratos desde hace unos meses, he podido encontrar que es algo que varias personas que han llegado o pasado hace mucho tiempo esta edad, reconocen como propio, como algo que viven o que vivieron durante un tiempo. Leer además las palabras de Antonio Orejudo dándoles el carácter de aseveración y de condición general me hace, por un lado, sentirme un poco menos rara, y por otro, plantearme por qué ocurre y por qué a esta edad.

 Los 50 es una edad redonda, más cercana ya a la jubilación que al inicio de la vida laboral (los que cumplimos 50 ahora sí tuvimos opciones de empezar a trabajar pronto) en la que es fácil haber pensado en el pasado que sería un momento de haber alcanzado todas las aspiraciones de juventud y estarse dedicando a disfrutar lo conseguido. Las familias construidas y los hijos creciendo, los trabajos asentados después de algún ascenso, físicamente activos y mentalmente jóvenes… una edad perfecta… si las vidas se escribieran como una historia plana y sin sorpresas. Pero en todas las vidas hay sorpresas, hay caminos que no llevan a donde creíamos, sueños que se consiguen y uno se pregunta ¿y después qué? ¿debo soñar más o aquí me paro?, también hay otros sueños que, al conseguirlos, se disuelven como el algodón de azúcar en la boca y hay otros  tantos que quizá necesitan más tiempo para ser conseguidos pero, llegados los 50, uno a veces siente si esos no tendrían ya que ser abandonados para limitarnos a conformarnos con aquello que se ha podido llegar a ser.

Creo también que, al menos en la parte de las XX, que es la que yo conozco, las hormonas juegan un papel perverso. Es el momento en que la vida fértil va llegando a su fin y la revolución hormonal que eso provoca contagia esa sensación de fin de ciclo a todo el organismo, hasta llegar al órgano pensante.

Época convulsa los 50 parece ser…

Os iré contando, aunque ya sabéis que crédito no podéis darme mucho porque es probable que al día siguiente ya me esté dando cuenta de que todo lo que digo, incluso en esta entrada, no es más que una pequeña parte de otro gran error 😉

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A ver si es verdad

La escenificación del desarme de ETA este último sábado me pilló casualmente leyendo Patria, la novela de Fernando Aramburu sobre el devenir durante cincuenta años de dos familias vascas marcadas por el terrorismo desde el diferente papel de dos miembros de ellas, uno como integrante de la banda y otro como objetivo.

El libro, muy bien escrito, te traslada de uno a otro de los nueve personajes principales a la vez que recorre esos alrededor de cincuenta años, desde los años de juventud y amistad de las madres de las dos familias hasta el año en que ETA anuncia el cese de la violencia. Y, al recorrer esos años el escritor, no solo te cuenta su historia sino que te “obliga” a actualizar tus propios recuerdos de aquellos años.

En mera cifra hace ahora ya siete años del último asesinato, pero las muertes nunca son solo una cifra. Hasta entonces y desde la década de los sesenta nos acostumbramos a que de vez en cuando los noticiarios abrieran con la noticia de un atentado en cualquier lugar de España. Atentados que te impactaban y revolvían, atentados con muertos de cualquier edad y condición. Más de ochocientos muertos, más de ochocientas personas con familia, amigos…, además los heridos, los secuestrados… miles de personas afectadas directamente, y varios millones indirectamente.

Al final, todos éramos afectados, porque todos los que vivimos esos años podemos recordar las portadas de los periódicos con fotos de gente ensangrentada, las imágenes en televisión de coches reventados salpicados de restos humanos, muchos podemos recordar también el retumbe del sonido o el temblor en tu propia casa cuando la bomba estaba colocada unas cuantas manzanas más allá, yo recuerdo el silencio en un taxi cuando la noticia de un nuevo atentado me sorprendió en Euskadi…

Durante esos largos años el que ETA dejara de matar era una aspiración constante porque el terrorismo de ETA era una de nuestras mayores preocupaciones, hubo años en los que en las encuestas del CIS se reflejaba como la máxima preocupación.

Sin entrar en la simbología del acto de ayer, el hecho de que ETA entregara sus armas es un sueño colectivo conseguido. No cierra las heridas, ni mucho menos, pero añade concreción a una paz conquistada en gran medida por quienes más sufrieron. Con el tiempo llegará la disolución, y quizá también la completa resolución de los crímenes aún pendientes de esclarecer, y es posible que, mucho tiempo después, llegue incluso el olvido. Para vacunarnos contra él es bueno el libro de Aramburu, porque lo que cuenta nos pasó a todos y hace no mucho tiempo. La entrega de armas parece es la forma que suelen tener quienes actúan con ellas  para decirnos que no nos volverá a pasar. A ver si es verdad.

Imagen destacada: Un policía francés lleva dos bolsas de plástico con armamento de ETA (Bob Edme / AP) La Vanguardia Web (editada en blanco y negro).

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Cuando no nos gusta lo que alguien expresa

Y seguimos a vueltas con la libertad de expresión. Este lunes, apagado un poco el fuego del autobús naranja (no para los organizadores, que han denunciado a la alcaldesa de Madrid por acoso) nuevas polémicas con el mismo tema de fondo ocupan portadas e informaciones digitales. Desde la asociación de la prensa que exige a un partido político que acabe con sus presiones y amenazas a los periodistas con cuyas informaciones no están de acuerdo, hasta el programa, de humor según sus responsables, emitido por una televisión pública que, al reunir manifestaciones despectivas sobre el conjunto de españoles o sobre los símbolos del estado, ha dado lugar a un goteo de protestas, justificaciones, avisos de denuncias… hasta llegar a un comunicado de rechazo de las opiniones emitidas por una actriz en dicho programa por parte de director, productores, actores y hasta escritora de la novela original en que se basa una película recién estrenada en la que esa actriz desempeña un papel secundario. Todos ellos firman deplorar y rechazar dichas opiniones en un comunicado orquestado rápidamente para evitar que triunfe el boicot a la película que se está extendiendo como la pólvora por las redes sociales.

No es la primera vez que pasa. Hace unos meses era “La reina de España” la película objeto de petición de boicot total a causa de unas antiguas declaraciones del director, Fernando Trueba, en las que decía no haberse sentido español ni cinco minutos de su vida.

A mí las declaraciones de Fernando Trueba, siendo totalmente legítimas, que allá cada cual con lo que se siente o no, me parecieron una metedura de pata al formar parte del discurso de agradecimiento a un premio nacional que te está entregando un ministro. Declaraciones poco adecuadas protocolariamente, nada más.

Y lo poco que he podido ver del programa de Eitb (solo el resumen de ocho minutos que sus responsables acusan de sesgado y es muy posible que sí lo sea) tampoco me parece adecuado para una emisión de una televisión pública.

Tampoco estoy nada de acuerdo, obviamente, con la actriz secundaria de la película que acusa a los miembros de un colectivo al que pertenezco de atrasados culturalmente, catetos o machistas, hasta ahí podíamos llegar, claro. No me gustan, aunque no estoy segura de si su intervención corresponde a un papel que, como actriz, interpreta o a su opinión real. Si fuera este último el caso, sus opiniones serían muy diferentes a las mías y ella sería un poco inconsciente al contarlas a una cámara cuando está a punto de estrenarse un trabajo que ha de “vender” a ese colectivo que tan poco le gusta.

No sé si esta moda incipiente de los boicots pretende que los aficionados al cine comprobemos antes de asistir a una proyección el historial de declaraciones públicas de cada uno de los miembros del elenco y del equipo técnico, no sea que vayamos a ver el resultado del trabajo de gente que tiene opiniones que no nos gustan. Probablemente el paso siguiente sea pedir que en cada película solo participen actores y técnicos con ideología acorde con el director, que para eso manda, o que junto con la calificación por edad de cada peli se dé una calificación ideológica.

Y, llegados a eso ¿por qué vamos a distinguir al cine del resto los trabajos? listas ideológicas para todo. A ver si ahora me va a venir un fontanero tarareando a saber qué himno o va a resultar que el autobús que me lleva al trabajo lo conduce alguien con ideas “raras”.

Parece exagerado, sí, pero lo del boicot a las pelis es un comienzo, un muy peligroso comienzo. Como el de las presiones y amenazas a periodistas cuando no se está de acuerdo con sus informaciones…

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Es Navidad

Es Navidad, le dijeron esta vez. Mirándolo a los ojos, con una sonrisa en el rostro y un gesto rápido elevando los hombros y abriendo las manos. Es Navidad, como buena razón.

Cada viernes desde hace dos meses acudía a la oficina de Correos a interesarse por la llegada de un paquete que, desde su lejano país, prometieron enviarle sus afectos. Cada viernes paseaba desde el Centro hasta la oficina, saludaba y preguntaba ¿hay algo para Dionisio Morales? y el empleado de turno, después de consultar sus registros, contestaba, sin apenas levantar sus ojos de la pantalla: No, no hay nada. Siempre igual, viernes tras viernes.

La víspera de Nochebuena cumplió con su rutina semanal entrando en la oficina, saludando y preguntando lo de siempre, pero ese día obtuvo una respuesta diferente: No, no hay nada, es Navidad, ya sabes… Y a la frase le acompañaba una mirada directa a los ojos, una cálida sonrisa y ese gesto cordial de elevar los hombros mientras se abren las manos. Es Navidad, ya sabes…

Él no sabía, pero le gustó el cambio en la respuesta.

Hoy es martes, la Navidad pasó sin más excepción que una comida especial en el Centro y una llamada apresurada a esa familia que asegura haber enviado el paquete ya hace dos meses. El paseo de los martes nunca termina en Correos, escuchar ese No, no hay nada se le hace demasiado duro para repetirlo todos los días y prefiere tener esperanzas de lunes a jueves y solo dejarlas morir el viernes. A pesar del calendario, sus pasos le llevan hacia la oficina. Abandonada la esperanza de recibir su paquete, ha sido sustituida por otra.

Quizá hoy también toque recibir esa mirada directa, esa cálida sonrisa y ese gesto cordial. Quizá, quién sabe. Habrá que probar por si acaso.

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Más femenino singular

Hoy no pensaba escribir. El tema del que hoy me salía escribir era un poco más de lo mismo sobre mi artículo anterior. Más sobre lo femenino, más hablar de las mujeres y nuestro papel en el mundo. Alguna experiencia propia en los últimos días y el haber visto ayer con mis hijos parte del último Salvados, titulado Nosotras, me inducía a eso.

No pensaba escribir, digo, por no repetirme, en este blog en el que el tema vuelve de vez en cuando, por no repetirme tan seguido al menos. Pero esta tarde he estado leyendo algunas noticias, como el espantoso record de tres mujeres muertas por violencia machista en solo cuarenta y ocho horas  o el entregado discurso de Madonna al recoger un premio a la mujer del año, y he terminado pensando que quizá no solo no debería evitar repetirme, sino que lo obligado era hacerlo.

En nuestro mundo cada día no sé si decenas o cientos de mujeres mueren a manos de sus parejas, cada día cientos o miles de niñas son obligadas a casarse o a prostituirse, cada día innumerables actos perjudican a mujeres y niñas por el mero hecho de serlo, cada día, repitiéndose. Por eso ha dejado de parecerme mal el hecho de repetirme al hablar de ello.

Del discurso de Madonna me ha llamado la atención la acusación que recibió de una escritora feminista de que hacía retroceder a las mujeres, de que su actuación individual al exponerse sexualmente perjudicaba a las demás. Esa acusación no es más que una muestra de esa exigencia para cada mujer que alcanza cualquier tipo de éxito de representar a la mitad de la humanidad. Es verdad que cada mujer que llega a puestos antes solo reservados a varones rompe una lanza por todas las que aún no llegaron pero esa responsabilidad es una carga añadida que los hombres no tienen.

Hay muchos hitos pendientes de conseguir, los primeros sin duda los de acabar con las muertes y la explotación sexual, pero deberíamos aspirar a que, tanto en el éxito como en el fracaso, se nos trate como los individuos únicos que todas somos. Que se nos reconozca tanto el derecho a ser tratadas con equidad en el reparto de oportunidades como el de representarnos única y exclusivamente a nosotras mismas. Que la exposición sexual de Madonna le haga avanzar o retroceder a ella como artista, si es que eso tiene algún sentido, y que las meteduras de pata de cada mujer en puestos de responsabilidad le perjudiquen única y exclusivamente a cada una.

Llegará el día en que, cuando una mujer alcance el éxito en cualquier ámbito, recibirá todos los honores que su actuación merezca sin que se haga continua mención a su sexo. Llegará el día en que los discursos como el de Madonna estarán fuera de lugar y en blogs como este no habrá excusa para repetir tema.

¿Llegará? ¿Seguro?

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Femenino singular

La semana pasada hizo unas declaraciones Pablo Iglesias en las que hablaba de feminizar la política. El titular era llamativo así que las he leído/escuchado enteras y no he podido evitar sentir una mezcla de incredulidad e indignación. Y no sé si me indigno femeninamente o individualmente porque en mi caso, digan lo que digan Pablo Iglesias o cualquier otro erigido en experto en estos asuntos, mi dotación cromosómica me dificulta el separar una cosa de otra. Yo nací mujer, pertenezco al género femenino y mis actuaciones, tanto personales como  profesionales, femeninas son porque de mí nacen. Y son tan femeninos mis exabruptos como mis caricias, mis órdenes como mis súplicas, tan femeninos mis besos como mis cabreos, mis tequieros como mis insultos. No soy más mujer cuando beso que cuando exijo, ni más cuando cuido que cuando me indigno. No siempre la condición de mujer se adquiere en el nacimiento pero igual da a la hora de actuar.

Tanto miedo me da el machismo conservador como este nuevo paternalista de izquierdas disfrazado de feminismo. Una de las cuestiones que explica Pablo Iglesias con claridad y detenimiento es que esa feminización de la política que él defiende no implica, no nos confundamos, que los hombres dejen su espacio a las mujeres, no, porque, y cito textualmente de nada sirve poner como portavoces a mujeres si estas no están feminizadas. Acabáramos. Así que nos explica, despacito para que lo entendamos, que no hace falta que haya más mujeres en puestos de responsabilidad, no sea que las que lleguen sean de las “malas”, de las no feminizadas, porque ellos mismos ya se feminizan y se perpetúan en el poder y la responsabilidad. Y ya mientras tanto si eso nosotras nos quedamos en casa cuidando nuestros hogares y a nuestras familias, volviendo a depender de que hombres, feminizados o no, decidan sobre nuestra vida mientras nosotras somos meras espectadoras. Muchas gracias, hombre, muchas gracias. Ayuda mucho a la lucha por la igualdad de oportunidades para todos los sexos, un montón.

Es del último mes también una campaña publicitaria que se empeña en obligar a la RAE a modificar la definición de “madre” y darle un sentido mucho más amplio y emocional. Efectivamente, como explican algunos famosos en el anuncio, mi madre ha hecho, y hace, por mí mucho más que parirme. Como yo por mis hijos. Y también es verdad que ni a  mi madre ni a mí nos conoce la RAE de nada pero eso no nos hace sentirnos ofendidas por su definición: Mujer o animal hembra que ha parido a otro ser de su misma especie. Porque ese es el hecho objetivo que nos hizo adquirir la cualidad de madres. La RAE también prevé que esa adquisición no se realice solo por un acto físico y por eso otorga la acepción número 4 en la que define también como tal a cualquier mujer que realice las funciones de madre. Supongo una campaña publicitaria bien intencionada pero volvemos a sufrir intentos de catalogación solo de las condiciones femeninas. Tan madre es la que cuida como la que abandona. Se podrá adjetivar después pero el sustantivo es igualmente aplicable. Ocurre lo mismo con los padres y con ellos no hay campañas.

 El sexo al que pertenecemos, por nacimiento o por convicción, forma parte de cada uno de nosotros pero nuestra actitud en el mundo no es solo fruto de esa condición. No creo que haya un femenino absoluto que nos condicione en todas nuestras actuaciones, como tampoco creo que haya un masculino absoluto. No creo que haya nada que feminizar aunque, puestos a hacerlo, creo que los únicos individuos capacitados para hacerlo, cada uno en su absoluta singularidad, son aquellos que en su personalidad incluyen esa condición femenina, mujeres se llaman según la RAE.

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Hacer los deberes

Este pasado fin de semana había convocada una huelga infantil: huelga de deberes. La CEAPA (Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos) pide a las familias que los niños no hagan los deberes durante los fines de semana del mes de noviembre para denunciar la sobrecarga de trabajo extraescolar que sufren los niños y, en consecuencia, sus familias.

CEAPA aboga por la eliminación total de los deberes porque considera que representan un fracaso del sistema educativo, provocan desigualdades sociales, crean tensiones familiares, constituyen un problema para los padres que salen tarde de trabajar y no disponen de tiempo y porque los niños necesitan tiempo para realizar actividades deportivas. Como alternativa proponen que se reforme el currículum educativo para establecer una enseñanza más motivadora, práctica y centrada en la adquisición de competencias básicas, que los deberes sólo se constituyan por formación complementaria y puedan realizarse sin la ayuda de un adulto y que todos los centros educativos oferten programas de refuerzo educativo para que los alumnos con dificultades puedan quedarse un tiempo al término de la jornada escolar y reciban alguna clase de apoyo en las materias que lleven más atrasadas.

Dentro de una reivindicación más amplia sobre el sistema educativo, la eliminación de los deberes se ha convertido en tema central y fuente de conflicto entre todos los sectores implicados: niños, profesores, familias.

Como niño, malo es hacer deberes pero si mientras los haces tu familia, en vez de ayudarte o poner los medios para que los hagas con tranquilidad, te calienta la cabeza con la inutilidad de ellos y con críticas a los profesores que te los ponen, al final o no los haces o los terminas haciendo pero seguro de mal humor con lo que resultarán peor y se tardará más tiempo.

Como profesor, el tener que negociar con las familias las decisiones sobre el trabajo a realizar en casa implica una duda sobre su capacitación profesional al no considerarle preparado para reconocer el trabajo que los niños necesitan hacer y la capacidad de estos para realizarlo, y a ningún profesional le gusta que se desconfíe de su buen hacer.

Como familia, los deberes exagerados han de entrar en tu organización familiar y exigen la implicación de los padres. La vida de las familias con niños en edad escolar termina girando en torno a esas tareas con lo que se añade presión al niño que tiene a la familia pendiente de que acabe y a la familia entera que pasa más tiempo compartiendo obligaciones que diversiones.

Pero la eliminación total de los deberes sin que se produzca ningún cambio más en el sistema educativo solo eliminará la presión sobre los padres, a los que se liberará de la atención académica a sus hijos. A los profesores se les incrementará la presión para conseguir unos objetivos marcados legalmente sin la posibilidad de que los niños refuercen lo aprendido en casa y esa presión, aunque sea solo en el aula, afectará a los niños que estarán también presionados por alcanzar unos estándares que, si no se transforma el sistema entero, no se van a modificar y van a ser más difíciles de alcanzar con menos horas de trabajo.

No creo que la eliminación de los deberes elimine desigualdades, más bien al contrario. Los niños con problemas para seguir las clases que tengan la suerte de tener padres con preparación y tiempo para dedicarles van a seguir trabajando en casa para no descolgarse del resto. Niños con esas mismas dificultades pero con padres que no tienen preparación suficiente y que no puedan (o no quieran, que también hay) dedicarles tiempo, al no tener ningún trabajo que hacer en casa, con o sin supervisión, se terminarán descolgando del resto, con lo que la desigualdad será mayor.

En el colegio, como en el mundo real, la única forma de suplir carencias (en este caso intelectuales y académicas) es el trabajo. Con el sistema educativo actual la ausencia de deberes beneficiará a los niños que no necesitan apoyo añadido, porque mantendrán invariables sus inmejorables notas y tendrán mucho tiempo libre. Los niños que necesitan mayor esfuerzo, al no realizarlo en casa, ganarán tiempo libre pero perderán ritmo con respecto al resto de la clase y terminarán suspendiendo. Para estos niños, que son la mayoría, es para los que los deberes suponen una ayuda, siempre que sean pocos y adecuados a la edad, pero diarios, para que les permitan reforzar lo aprendido, seguir el ritmo del resto de los niños e ir cogiendo poco a poco ritmo de trabajo para años venideros.

Otra cosa es que alcanzáramos la maravilla de un pacto educativo que modifique nuestro sistema para adaptarlo al mundo real en el que vivirán nuestros hijos y que en ese nuevo sistema la labor de los profesores sea de acompañamiento en el aprendizaje en vez de transmisión continua de contenidos y que la evaluación de nuestros hijos no se realice únicamente mediante exámenes estandarizados y continuos. En ese nuevo sistema de aprendizaje quizá los deberes no tengan sentido pero no nos movemos en ese escenario.

Mientras el sistema no cambie, los deberes diarios adecuados a la edad de los niños más que crear desigualdad, ayudan a garantizar oportunidades a los niños menos brillantes y a reducir diferencias con el resto. Pero las diferencias entre estudiantes, con deberes o sin deberes, seguirán existiendo. Las marca su capacidad intelectual, su carácter, su curiosidad, su necesidad, o no, de aprender, su capacidad de esfuerzo y, en gran medida mientras son niños, el apoyo familiar. Y es este último el que mayor peso tiene en la determinación de la carrera académica de los niños.

Los deberes no provocan desigualdades sociales, las desigualdades sociales entre los niños existen y no van a desaparecer con los deberes. Solo lo harían, al menos en lo que se refiere a la educación, con un sistema educativo nuevo que garantizara una educación de calidad para todos, con todos los apoyos escolares y familiares necesarios para conseguirlo en cada niño. Es así de sencillo. En cuanto nuestros nuevos parlamentarios empiecen a trabajar, seguro que en un pis pas ponen en práctica ese su deseo pre-electoral de pacto educativo y nos resuelven esta preocupación. Porque si hay alguien que hace ya tiempo que tendría que haber hecho sus deberes, son ellos.

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Puestos a elegir

Está claro que las declaraciones de Donald Trump en su carrera por conseguir el gobierno del país más poderoso de la tierra ya no sorprenden a nadie. Tras crear en los últimos días cierta expectación con su ambigüedad al manifestar su opinión sobre la limpieza de los procesos electorales en los Estados Unidos y su aceptación o no del resultado del que va a celebrarse el próximo martes 8 de noviembre, se ha aprestado a disipar todas las dudas al declarar su clara intención de respetar ese resultado… si es él el ganador.

Obviando el “pequeño detalle” de que las responsabilidades del puesto al que aspira no admiten bromas, tontería más o tontería menos en este señor ya ni siquiera nos produce sorpresa. Son cosas de Trump que ya no van a variar la consideración que cada uno tiene de él, cosas de Trump y ya, ahí se quedan, porque, después de una vida expuesta a los medios de comunicación, acreditada está su falta de respeto hacia todo lo que no le gusta, sean gobiernos, actitudes, objetos o personas (la diferencia entre estas dos últimas opciones no parece además algo que él quiera tener muy claro). Un perfil que no parece casar con un régimen democrático basado en la igualdad de derechos individuales con independencia de la procedencia, sexo, credo u opinión de cada uno. Resulta difícil creer que vaya a amparar esa igualdad alguien cuyo espíritu democrático alcanza solo hasta el provecho de la oportunidad de presentarse a unas elecciones. Él seguro defiende su ampliamente democrática personalidad, aunque en realidad sea bastante parcial al concretarse en una defensa a ultranza del derecho a la igualdad y a la manifestación de las opiniones de cada cual… siempre que sean las opiniones y colectivos adecuados.

Hay una clara similitud entre la democracia parcial y la dictadura. En todas estas se suele defender la existencia del derecho a la manifestación de opiniones, aunque ese derecho suela concretarse en una libertad total de expresión de opiniones… siempre que sean acordes con el régimen imperante. El disfrute del derecho es infinito, sin ninguna cortapisa… si lo que vas a exponer es acorde con quienes manejan el cotarro. Al final parece que en estas digamos democracias parciales tus derechos democráticos dependen de la suerte. Si  la tienes y perteneces a los colectivos que el régimen ampara y tus opiniones son coincidentes (siempre que actúes y vivas sin mirar a tu alrededor, claro) lo haces sin grandes problemas.

En estos últimos meses de incertidumbre política ha pasado a ser habitual el que los comentarios sobre las opciones que no compartimos incluyan una descalificación. Supongo que, como todos pensamos que nuestra opción ideológica es la más sensata, la más inteligente, lo siguiente es pensar que los que no votan como nosotros o no son tan sensatos e inteligentes como nosotros o no lo han pensado bien, así que todos aquellos a los que les ha dado por votar (a la ligera, claro, que si lo hubieran pensado lo habrían hecho bien) a otro partido diferente del que a nosotros nos gusta no pueden ser más que inconscientes, si no lo han pensado bien, o tontos perdidos, por haberlo pensado y a pesar de eso haberlo hecho así de mal. Y ya está, no solo lo pensamos sino que, con la mayor naturalidad, lo soltamos a quien nos quiera oír. Hay quién da un paso más y llega a la verdad absoluta de que el único voto respetable es el coincidente con su ideología, pero eso sí, desde el más absoluto espíritu democrático.

El último en soltar una perla así ha sido un exjuez muy mediático para su profesión que anda promocionando un libro de memorias. El periódico publicaba esta semana una entrevista en la que, a la pregunta ‘Gürtel’, Púnica, Taula… pero el PP gana las elecciones, este antiguo juez respondía: Esa es una de las grandes contradicciones sobre las que algún día tendremos que reflexionar en España. Yo no las puedo comprender ni las puedo aceptar. Respeto que cada uno vote a quien quiera votar pero eso no quiere decir que sea correcto. No es correcto votar a quien no es transparente, a quien no favorece un gobierno limpio, decente. 

No puedo aceptar, no es correcto votar… ¿está tan lejos de lo que dice Trump?

El espíritu democrático que inspira estas declaraciones ¿no es un poquito parcial?

La democracia es un régimen político que hay que currarse.  Tanta descalificación y falta de respeto a la opción adversa parece una señal de que hay quienes quieren dejar de esforzarse por ella para optar por parcialidades democráticas a medida.

Cada quien tiene derecho a concentrar sus esfuerzos donde le plazca pero la historia nos avisa de que las decisiones sobre qué parcialidad democrática concreta se aplica a un país se toman más con puñetazos y balas que con votos. Y los votos tendrán sus defectos pero puestos a elegir…

Imagen destacada: Urna, de·júbilo·haku·, vía flickr.

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