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A ver si es verdad

La escenificación del desarme de ETA este último sábado me pilló casualmente leyendo Patria, la novela de Fernando Aramburu sobre el devenir durante cincuenta años de dos familias vascas marcadas por el terrorismo desde el diferente papel de dos miembros de ellas, uno como integrante de la banda y otro como objetivo.

El libro, muy bien escrito, te traslada de uno a otro de los nueve personajes principales a la vez que recorre esos alrededor de cincuenta años, desde los años de juventud y amistad de las madres de las dos familias hasta el año en que ETA anuncia el cese de la violencia. Y, al recorrer esos años el escritor, no solo te cuenta su historia sino que te “obliga” a actualizar tus propios recuerdos de aquellos años.

En mera cifra hace ahora ya siete años del último asesinato, pero las muertes nunca son solo una cifra. Hasta entonces y desde la década de los sesenta nos acostumbramos a que de vez en cuando los noticiarios abrieran con la noticia de un atentado en cualquier lugar de España. Atentados que te impactaban y revolvían, atentados con muertos de cualquier edad y condición. Más de ochocientos muertos, más de ochocientas personas con familia, amigos…, además los heridos, los secuestrados… miles de personas afectadas directamente, y varios millones indirectamente.

Al final, todos éramos afectados, porque todos los que vivimos esos años podemos recordar las portadas de los periódicos con fotos de gente ensangrentada, las imágenes en televisión de coches reventados salpicados de restos humanos, muchos podemos recordar también el retumbe del sonido o el temblor en tu propia casa cuando la bomba estaba colocada unas cuantas manzanas más allá, yo recuerdo el silencio en un taxi cuando la noticia de un nuevo atentado me sorprendió en Euskadi…

Durante esos largos años el que ETA dejara de matar era una aspiración constante porque el terrorismo de ETA era una de nuestras mayores preocupaciones, hubo años en los que en las encuestas del CIS se reflejaba como la máxima preocupación.

Sin entrar en la simbología del acto de ayer, el hecho de que ETA entregara sus armas es un sueño colectivo conseguido. No cierra las heridas, ni mucho menos, pero añade concreción a una paz conquistada en gran medida por quienes más sufrieron. Con el tiempo llegará la disolución, y quizá también la completa resolución de los crímenes aún pendientes de esclarecer, y es posible que, mucho tiempo después, llegue incluso el olvido. Para vacunarnos contra él es bueno el libro de Aramburu, porque lo que cuenta nos pasó a todos y hace no mucho tiempo. La entrega de armas parece es la forma que suelen tener quienes actúan con ellas  para decirnos que no nos volverá a pasar. A ver si es verdad.

Imagen destacada: Un policía francés lleva dos bolsas de plástico con armamento de ETA (Bob Edme / AP) La Vanguardia Web (editada en blanco y negro).

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Sobre los premios Nobel

Ya hemos tratado otras veces en este blog esa manía opinadora que tenemos ahora. Siendo una gran ventaja de nuestro mundo esta facilidad para manifestar nuestra opinión y lanzarla a los cuatro vientos, también es cierto que no nos conformamos con esa manifestación y pretendemos que haya de tenerse en cuenta siempre, incluso para los premios Nobel.

Tras haber leído en estos últimos días diversas opiniones sobre los premiados con los Nobel de la Paz y Literatura, yo he decidido aprovechar mi artículo de los lunes para opinar también e ir más allá, porque no entiendo cómo los opinadores de las redes sociales se conforman con manifestarse solo sobre dos de los premios instituidos por D. Alfred Nobel habiendo seis (en realidad cinco según el testamento del Sr. Nobel y uno, el de Economía, añadido posteriormente en 1969 por la donación a la Fundación Nobel desde el banco central sueco), así que yo, que creo que ya que opinamos debemos hacerlo sin coartarnos,  voy a opinar sobre todos. Allá voy:

  • Premio Nobel de Física 2016, otorgado a David Thouless, Duncan Haldane y Michael Kosterlitz  por los descubrimientos teóricos de las transiciones de fase topológica y fases topológicas de la materia. Estoy de acuerdo.
  • Premio Nobel de Química 2016 a Jean-Pierre Sauvage, J. Fraser Stoddart y Bernard L. Feringa por el diseño y la síntesis de las máquinas moleculares. Cómo no voy a estar de acuerdo.
  • Premio Nobel de Economía 2016 otorgado a Beng Holmström y Oliver Hart por sus aportaciones a la teoría del contrato. Por descontado estoy totalmente de acuerdo.
  • Premio Nobel de Medicina 2016 a Yoshinori Oshumi por su papel en el estudio de los mecanismos subyacentes a la autofagia. Buenoooo, con este claro que estoy de acuerdo, es más ya se me había ocurrido a  mí antes que a la Real Academia de las Ciencias Sueca 😉
  • Premio Nobel de la Paz 2016 a Juan Manuel Santos, presidente de Colombia desde 2016 por sus esfuerzos para acabar con el conflicto más largo del siglo. Con este, como el resto de los opinadores sociales, ya podría extenderme porque al menos me suena la cara del premiado y sé de qué va pero, para que no parezca que soy poco equitativa o que sé más de Paz que de Física, Química, Medicina o Economía en perjuicio de mi imagen intelectual,  seré parca y diré que, al menos en el argumento esgrimido por el Comité Noruego que otorga el premio, me parece tienen toda la razón.
  • Premio Nobel de Literatura 2016 a Bob Dylan por haber creado una nueva expresión poética dentro de la gran tradición americana de la canción. ¿Y ahora es cuando me ensaño con Bob Dylan y la Academia Sueca? ¿Para una de las pocas veces que me suena el nombre del premiado, le pongo cara y hasta conozco alguna de sus obras? ¿para una de las pocas veces que la academia no me hace sentir ignorante como lectora al premiar a quienes no solo no he leído, sino que no reconozco sus caras y a veces ni siquiera me suenan sus nombres?

 

Igual que hago para la Física, la Química, la Medicina y la Economía, voy a seguir pensando que quienes adjudican los premios deben saber muy bien lo que hacen y que, si a mí jamás se me había ocurrido que Bob Dylan pudiera ser premiado con un Nobel de Literatura, el fallo es mío por no haber sabido leer sus letras como sin duda, como entiende la Academia Sueca, merecen.

Ahora espero a que, así como otros años las editoriales se lanzan como posesas a editar, comprar derechos de traducción o reeditar las obras de los premiados en literatura, este año, para no ser menos, ya hayan enviado a imprenta una recopilación de todas las letras de sus canciones, con una buena traducción y con un cd que permita, por primera vez en la historia de los premios de Literatura, escuchar la obra narrada con la voz del propio autor y entonada con la música que él mismo pensó era adecuada a cada historia. Un magnífico regalo para los forofos de la narración de historias.

Imagen destacada: Alfred Nobel – Nobelsymbolet de Aktiv I Oslo.no, vía flickr.

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Sobre la adversidad y la paz

Tras este entretenido último sábado parece que, sin saber aún si hemos asistido a la muerte de un partido político, lo que sí hemos hecho ha sido presenciar la retransmisión minuto a minuto del momento en que su grave enfermedad ha entrado en crisis reventando sus pústulas frente a un público atónito.

El sábado informativo terminó con la derrota de los postulados de Pedro Sánchez  en una votación interna rodeada de tensiones y con la anunciada consecuencia de la dimisión del último líder del partido socialista. Declaraciones a la puerta de Ferraz, tuits de los implicados, comentarios de los espectadores y hasta fotos durante el enconado desarrollo de los debates, nos han permitido no perdernos ni una gotita del pus destilado.

En el fondo de todo la disputa sobre a quién corresponde tomar las decisiones en el partido (¿al Secretario General? ¿a los órganos colegiados? ¿a los militantes de base? ¿a los millones de electores no militantes que les confían su voto?), con el añadido de esa interpretación de las normas que lo rigen a conveniencia de cada uno, porque los estatutos del PSOE, que yo no he leído, parece establecen reglas totalmente contrapuestas según las interprete uno u otro bando de esos que Susana Díaz dice que no existen.

Decidir en la adversidad, qué difícil.

Cuando el viento sopla de cara todas las organizaciones funcionan a la perfección: los partidos políticos,  los gobiernos, las empresas, las familias, las parejas y hasta el cuerpo humano. Habiendo salud, el corazón suple bombeando en más o en menos las carencias o acumulaciones de riego sanguíneo que los esfuerzos producen en cada órgano. Por eso los cardiólogos, cuando se prevén ajetreos corporales o hay sospechas de que la máquina pueda fallar, realizan un test de esfuerzo, o de estrés, para ver si, en circunstancias extremas, el núcleo de la organización corporal puede responder a tiempo y asegurar el funcionamiento óptimo de toda la organización.

Con el mismo fundamento que la prueba de esfuerzo cardíaca, el sistema financiero es también objeto de chequeo a través de su propio test de estrés. Mediante la simulación de situaciones adversas, se evalúa si las entidades financieras, y con ellas el sistema financiero en general, serían capaces de adaptar sus decisiones y sobrevivir.

El sistema político no está sometido a los controles del sistema nacional de salud ni a los del sistema financiero por lo que no hay simulaciones en sus tests de estrés y los terminan pasando a lo vivo en situaciones reales. En los últimos años, el deterioro de la situación económica y el mal uso por los elegidos de la confianza depositada por los electores han producido el menoscabo de la imagen de las instituciones y el cansancio hasta el hastío de los potenciales votantes, con lo que la situación para los partidos políticos preexistentes ha devenido en bastante adversa y se hallan inmersos todos en su propio test de estrés. El partido socialista acaba de suspender el suyo dilatando con ello el desenlace del del partido popular.

Por otro lado, de los dos partidos emergentes, Podemos y sus confluencias andan también enfrentándose al cambio de situación que supone pasar de la oposición en las calles al desempeño de diversas cuotas de poder en ayuntamientos y comunidades autónomas, un cambio que, como se está viendo con las fricciones entre corrientes e individuos que, discretas o publicitadas, no dejan de ocurrir, también les convierte en actuales evaluandos de su estrés interno.

Mientras, en Ciudadanos, con un perfil más comedido que los anteriores en sus aspiraciones y en sus resultados, parecen estar apartados sin mover un músculo mientras los demás se destrozan entre ellos o a sí mismos. Eso no creo que ni les vaya a favorecer en el voto ni les salve de la desaparición pero, si desaparecen, al menos lo harán sin estertores.

Y, si según yo lo veo, uno de los partidos de ámbito nacional (que representa a algo más de cinco millones de votantes en las últimas elecciones) acaba de suspender su test de estrés y al menos dos de los partidos políticos del panorama nacional (que representan a casi ocho millones por un lado y poco más de cinco millones de votantes por el otro) están pasando los suyos en la actualidad sin ninguna certeza de que los resultados vayan a ser exitosos ¿qué pasa con el sistema político nacional? ¿qué posibilidades tenemos como nación de conseguir ese gobierno estable imprescindible ahora para afrontar las adversidades comunes?

No siendo militante, afiliada y ni siquiera votante entusiasta (si es que esa posibilidad ahora existe para alguien) de ningún partido, quizá las dificultades internas de cada uno de ellos deberían resultarme indiferentes pero, dado su encaje dentro de un sistema mayor al que sí pertenezco, no puedo evitar una permanente inquietud al no ser capaz de contestar con optimismo a la última pregunta de mi párrafo anterior.

Mientras tanto ayer en Colombia se intentaba dar un paso más para la solución de un conflicto que, en comparación, deja al del comité federal del PSOE a la altura de una pelea de arenero de parque infantil. Tras varias décadas en guerra, miles de muertos, cientos de miles de víctimas y pérdidas económicas de muchos millones de pesos colombianos, en el plebiscito de ayer víctimas y verdugos se enfrentaban en las urnas a una quizá demasiado sencilla pregunta para todo lo que implicaría un acuerdo plasmado en cerca de doscientos folios ¿apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?, con solo dos posibles respuestas, sí y no. Y, a pesar de que la pregunta parecía estar enunciada para que la única respuesta fácil fuera el sí ¿cómo no vas estar a favor de la construcción de una paz estable y duradera? y que las expectativas y sondeos daban por segura la respuesta afirmativa, la mayoría de los votantes ha respondido no y el acuerdo no puede llevarse a cabo.

Hoy, aunque el gobierno y las FARC han respondido al resultado asegurando que el alto el fuego sigue en pie y van a seguir negociando, es difícil ser optimista. Sin las contrapartidas que el acuerdo les otorgaba… ¿cuánto tiempo aguantarán las guerrillas inactivas?  Quizá era demasiado pronto para pedir olvido pero, tras el rechazo del acuerdo ¿qué posibilidades tendrá Colombia como nación de conseguir esa paz estable imprescindible para afrontar sus adversidades comunes?

No puedo evitar comparar adversidades y posibilidades en esa misma pregunta enunciada para dos países con tres párrafos de diferencia. Conseguir la paz o conseguir un “simple” acuerdo de gobernabilidad para cuatro años en un país en paz ¿qué será más difícil?

Visto lo visto, yo no me atrevo a mojarme.

 

Imagen destacada: Paz, The Real Estreya, via flickr modificado color.

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