Los artículos

Hacer los deberes

Este pasado fin de semana había convocada una huelga infantil: huelga de deberes. La CEAPA (Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos) pide a las familias que los niños no hagan los deberes durante los fines de semana del mes de noviembre para denunciar la sobrecarga de trabajo extraescolar que sufren los niños y, en consecuencia, sus familias.

CEAPA aboga por la eliminación total de los deberes porque considera que representan un fracaso del sistema educativo, provocan desigualdades sociales, crean tensiones familiares, constituyen un problema para los padres que salen tarde de trabajar y no disponen de tiempo y porque los niños necesitan tiempo para realizar actividades deportivas. Como alternativa proponen que se reforme el currículum educativo para establecer una enseñanza más motivadora, práctica y centrada en la adquisición de competencias básicas, que los deberes sólo se constituyan por formación complementaria y puedan realizarse sin la ayuda de un adulto y que todos los centros educativos oferten programas de refuerzo educativo para que los alumnos con dificultades puedan quedarse un tiempo al término de la jornada escolar y reciban alguna clase de apoyo en las materias que lleven más atrasadas.

Dentro de una reivindicación más amplia sobre el sistema educativo, la eliminación de los deberes se ha convertido en tema central y fuente de conflicto entre todos los sectores implicados: niños, profesores, familias.

Como niño, malo es hacer deberes pero si mientras los haces tu familia, en vez de ayudarte o poner los medios para que los hagas con tranquilidad, te calienta la cabeza con la inutilidad de ellos y con críticas a los profesores que te los ponen, al final o no los haces o los terminas haciendo pero seguro de mal humor con lo que resultarán peor y se tardará más tiempo.

Como profesor, el tener que negociar con las familias las decisiones sobre el trabajo a realizar en casa implica una duda sobre su capacitación profesional al no considerarle preparado para reconocer el trabajo que los niños necesitan hacer y la capacidad de estos para realizarlo, y a ningún profesional le gusta que se desconfíe de su buen hacer.

Como familia, los deberes exagerados han de entrar en tu organización familiar y exigen la implicación de los padres. La vida de las familias con niños en edad escolar termina girando en torno a esas tareas con lo que se añade presión al niño que tiene a la familia pendiente de que acabe y a la familia entera que pasa más tiempo compartiendo obligaciones que diversiones.

Pero la eliminación total de los deberes sin que se produzca ningún cambio más en el sistema educativo solo eliminará la presión sobre los padres, a los que se liberará de la atención académica a sus hijos. A los profesores se les incrementará la presión para conseguir unos objetivos marcados legalmente sin la posibilidad de que los niños refuercen lo aprendido en casa y esa presión, aunque sea solo en el aula, afectará a los niños que estarán también presionados por alcanzar unos estándares que, si no se transforma el sistema entero, no se van a modificar y van a ser más difíciles de alcanzar con menos horas de trabajo.

No creo que la eliminación de los deberes elimine desigualdades, más bien al contrario. Los niños con problemas para seguir las clases que tengan la suerte de tener padres con preparación y tiempo para dedicarles van a seguir trabajando en casa para no descolgarse del resto. Niños con esas mismas dificultades pero con padres que no tienen preparación suficiente y que no puedan (o no quieran, que también hay) dedicarles tiempo, al no tener ningún trabajo que hacer en casa, con o sin supervisión, se terminarán descolgando del resto, con lo que la desigualdad será mayor.

En el colegio, como en el mundo real, la única forma de suplir carencias (en este caso intelectuales y académicas) es el trabajo. Con el sistema educativo actual la ausencia de deberes beneficiará a los niños que no necesitan apoyo añadido, porque mantendrán invariables sus inmejorables notas y tendrán mucho tiempo libre. Los niños que necesitan mayor esfuerzo, al no realizarlo en casa, ganarán tiempo libre pero perderán ritmo con respecto al resto de la clase y terminarán suspendiendo. Para estos niños, que son la mayoría, es para los que los deberes suponen una ayuda, siempre que sean pocos y adecuados a la edad, pero diarios, para que les permitan reforzar lo aprendido, seguir el ritmo del resto de los niños e ir cogiendo poco a poco ritmo de trabajo para años venideros.

Otra cosa es que alcanzáramos la maravilla de un pacto educativo que modifique nuestro sistema para adaptarlo al mundo real en el que vivirán nuestros hijos y que en ese nuevo sistema la labor de los profesores sea de acompañamiento en el aprendizaje en vez de transmisión continua de contenidos y que la evaluación de nuestros hijos no se realice únicamente mediante exámenes estandarizados y continuos. En ese nuevo sistema de aprendizaje quizá los deberes no tengan sentido pero no nos movemos en ese escenario.

Mientras el sistema no cambie, los deberes diarios adecuados a la edad de los niños más que crear desigualdad, ayudan a garantizar oportunidades a los niños menos brillantes y a reducir diferencias con el resto. Pero las diferencias entre estudiantes, con deberes o sin deberes, seguirán existiendo. Las marca su capacidad intelectual, su carácter, su curiosidad, su necesidad, o no, de aprender, su capacidad de esfuerzo y, en gran medida mientras son niños, el apoyo familiar. Y es este último el que mayor peso tiene en la determinación de la carrera académica de los niños.

Los deberes no provocan desigualdades sociales, las desigualdades sociales entre los niños existen y no van a desaparecer con los deberes. Solo lo harían, al menos en lo que se refiere a la educación, con un sistema educativo nuevo que garantizara una educación de calidad para todos, con todos los apoyos escolares y familiares necesarios para conseguirlo en cada niño. Es así de sencillo. En cuanto nuestros nuevos parlamentarios empiecen a trabajar, seguro que en un pis pas ponen en práctica ese su deseo pre-electoral de pacto educativo y nos resuelven esta preocupación. Porque si hay alguien que hace ya tiempo que tendría que haber hecho sus deberes, son ellos.

Estándar