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Discutir lo normal

Estamos asistiendo en estos días a la práctica disección de las relaciones entre los miembros de una familia. Con la hija mayor desaparecida, los padres en sus declaraciones han pasado de manifestar que en su familia se discutía lo normal en una familia con hijos adolescentes a poner en palabras su reacción ante la orden judicial de retirada de custodia de la madre sobre la hija menor. Un hecho que ya de ningún modo podría calificarse como normal.

Discutir lo normal ¿eso qué es?

Cierto es que la convivencia en cualquier grupo humano conlleva una continua adaptación entre miembros con actitudes y opiniones diferentes que producen roces que hay que ir puliendo. Y se discute, sí, intercambiando puntos de vista con el fin de alcanzar un objetivo común que puede ser tan simple como la convivencia en paz. Se discute para alcanzar la paz, el acuerdo, un objetivo común. Y cuanto más vehementes sean los miembros del grupo, por carácter o edad, por mucho que estén de acuerdo en su objetivo final común, más se discute. Lo normal. Un grupo solo puede definirse como tal si todos los miembros comparten un objetivo, aunque este no se verbalice, pero es imprescindible su existencia. Las discusiones, las normales, van encaminadas a ese objetivo final y construyen grupo.

Luego hay otras discusiones, las que derivan en enconadas disputas o en meros enfrentamientos gratuitos, que no van a ningún sitio y solo deterioran la relación. Estas también salpican de vez en cuando nuestras relaciones y podemos aprender a vivir con ellas, pero eso no puede hacer que las consideremos normales, porque no lo son. En ocasiones, cuando se repiten, no son más que síntomas de que el grupo, como tal, se está rompiendo y continuar en él puede ser perjudicial para sus miembros (más si son menores).

Es perturbador formar parte de un grupo que está dejando de serlo, cuando las discusiones son siempre disputas pero, siendo menos llamativo, es igual de inquietante cuando las discusiones son sustituidas por silencio. La ausencia total de discusiones es la señal de que el objetivo común que se perseguía y hacía a cada miembro pelear por él a su manera, ha dejado de mover los hilos del grupo y ya nadie aspira a alcanzarlo. El silencio, ese momento en el que ya no se discute lo normal, es el fin.

Es difícil dar el salto y abandonar un grupo aunque todos los miembros sepan que ya no existe. Somos seres sociales y, para sentirnos acompañados, es fácil elegir mantener la ficción de la pertenencia a un grupo con tal de no asumir nuestra soledad. Y el grupo parece no romperse, pero ya está roto.

Al inicio de este verano elegimos a unos cuantos cientos de personas para el mandato de conseguirnos un gobierno estable. Todos ellos se constituyen en varios grupos, políticos, y en su conjunto se sientan en unas instituciones que, con el nombre de Congreso de los Diputados y Senado, les permiten sentarse juntos a discutir sus cositas con la idea final de gobernarnos. Desde diciembre a junio hubo un goteo de noticias sobre los posibles pactos, declaraciones de políticos, descalificaciones de uno a otro, o de uno a varios, propuestas insensatas, propuestas sensatas pero imposibles… de todo. Pero llegó el verano y cayó el silencio.

Lo que podía preverse como un intenso verano de deliberaciones entre los distintos partidos ha quedado en nada, un acuerdo de investidura entre dos únicos partidos que no ha costado más de ocho o diez días de conversaciones y un debate de investidura final con modos de representación teatral. Y, entre tanto, silencio.

Cuando el silencio invade un matrimonio, una familia, una panda de amigos, un equipo de trabajo… la deriva lógica es su ruptura, la separación de sus miembros.

Pero el silencio que invade las relaciones entre nuestros políticos ¿a dónde nos lleva?

El tiempo pasa y cualquier opción de futuro parece factible pero, más allá de la absurda idea de tener que votar el día de Navidad, lo verdaderamente preocupante es el silencio. Imposible alcanzar ese objetivo, que debería ser común, de la gobernabilidad de nuestro país si no se ponen todos a discutir cuanto antes. Sin contiendas pero sin silencios. Solo discutir, lo normal.

 

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