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En negociaciones

eubarberia04-1063x598El verano es la estación negociadora por excelencia. Quién más quién menos se acerca a estas fechas con el planteamiento, no siempre deseado, de convivir más tiempo de lo habitual con sus semejantes. Da igual si te llevas la familia puesta, si, huyendo de ella, te vas a la otra parte del mundo, si tan solo vas a frecuentar más algún lugar público (piscinas, parques, paradas de autobús, colas en los museos, embotellamientos en carreteras, aglomeraciones en conciertos y actividades culturales varias, colas en gasolineras…) o si eres de los que trabajan mientras los demás descansan. Da igual. Las buenas temperaturas nos echan a la calle y nos “lanzan” hacia los demás. A socializarse tocan. Y nos pasamos el verano en una pura negociación para tomar decisiones varias: dónde vamos, qué comemos, qué programa vemos, cuántas impertinencias aguantamos, cuánta libertad dejamos a nuestros hijos… Todo un ejercicio de paciencia común. Negociamos a veces ya sin darnos cuenta, sin pestañear siquiera, con la soltura que da la práctica y el conocimiento personal de los negociadores. A mayor conocimiento previo, más rápida es la negociación.

Resulta que este verano a nuestros políticos les toca una doble ración negociadora: por ser verano, como a todo hijo de vecino, y por no haber sabido ninguno convencer a la mayoría de los electores, como políticos que son.

Y uno podría pensar que, por su falta de sintonía personal y por sus actuaciones tras el veinte de diciembre, esas negociaciones que les tocan para conseguir un imprescindible gobierno estable les iban a costar días y días de trabajo, reuniones interminables, noches en vela, encierros trabajando codo con codo… pero no. Porque el último fin de semana el que no andaba de festival, descansaba con su familia, atendía sus responsabilidades de partido o se dedicaba a cualquier otra actividad. Y claro, como no podemos pensar que, recién elegidos, hayan caído en una dejación de responsabilidades tal, no puedo más que deducir que, si se han dedicado a descansar, era porque lo merecían al haberlo dejado todo cerrado. Y, aunque disimulen y nos tengan en ascuas, ellos ya saben de qué color va a ser ese gobierno estable que necesitamos, quién va a presidirlo, qué contrapartidas van a obtener quienes le den su apoyo, a qué pactos globales se va a llegar, etc. porque sin tener todo esto atado y bien atado, digo yo que no tendrían las santas narices de descansar a nuestra costa ¿no?

Nosotros, los de a pie, debemos estar tranquilos entonces y dedicarnos, nosotros sí,  a descansar y negociar en nuestros pequeños mundos porque lo más importante ya lo tienen resuelto y cualquier día de estos lo mismo hasta tienen un detalle y nos lo cuentan.

Porque si no fuera así, y descansan sin haber cumplido, estoy por iniciar petición en redes sociales para que los ujieres del Congreso, tras la sesión constitutiva de hoy, cierren todas las puertas del salón de plenos y no dejen salir a nadie hasta que no resuelvan un acuerdo. Sin cámaras, ellos solitos, encerrados, con víveres para unos días. Y, si resulta que no son capaces, que se vayan a su casa, todos, no deberíamos echarles de menos.

 

Imagen: Manuel Marín descansando cuando negociar era cansado. Alfredo García vía El País. http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/espana-en-la-union-europea/

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