Los relatos

El bando equivocado

La guerra empezó en el pueblo vecino, Olafría, y los bandos eran claros: los buenos y los malos. Pero, como no se ponían de acuerdo en quienes eran los unos y quienes los otros y no podían perder tiempo de pelea por esa menudencia, decidieron asignarse unos colores: el verde del campo y el azul del mar, que eran los colores más fáciles para ellos.

A Peraleda los bandos llegaron ya hechos. Iván y Raúl optaron por el de sus primos de Olafría, que no podía ser otro que el azul. La batalla se inició en cuanto cada peraledano decidió en qué bando se sentía más identificado.

Raúl e Iván peleaban bien, y sin descanso, como sólo se pelea cuando uno está seguro y orgulloso de lo que defiende.

Como resultó que, al llegar la noche y a pesar de las bajas, en Peraleda la contienda estaba aún sin resolverse, llegaron refuerzos para los dos bandos. Iván y Raúl comprobaron atónitos cómo sus primos olafrudenses combatían bajo el estandarte verde.

El estupor les duró tres segundos, justo lo que tardaron en cruzar sus miradas, encojerse de hombros y dirigir sus pasos, con las armas empuñadas, hacia sus primos de verde.

Sí, claro, eran de la familia, pero habían elegido el bando equivocado.

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