Mis lectores habituales, esos tan poquitos pero tan fieles, ya conocen de mis incursiones en el mundo del fútbol porque alguna vez ya he contado esas cosas que me pasan con alguno de los miembros de este ambiente mayoritariamente masculino. Pero, lejos de amilanarme, yo insisto en el tema y hoy he decidido escribir la crónica de un partido (y de uno de la Champions League, nada menos). Porque yo el miércoles estuve en el Bernabéu viendo jugar al Real Madrid contra el Manchester United y ninguna de las críticas que he leído coincide con lo que yo percibí en el campo. Así que, como no me ha gustado ninguna de las crónicas escritas en periódicos, y yo puedo escribir aquí lo que a mi me apetezca, y mi público no me suele exigir mucho, pues…he decidido hacérmela yo. Así, a mi gusto y para disfrute propio.
Yo siempre que he ido a un campo de fútbol de primera he estado rodeada de expertos, pero no sé si es casualidad o es que en las puertas del estadio hay unos rayos láser o algo así que, según los atraviesas, convierten a los hombres en expertos y a las chicas… no. Pues uno de mis vecinos expertos al pitarse el final resumió el partido con una única frase: es que el Manchester tiene mucho fútbol pero poco oficio, lo que me hizo pensar a mi que qué c… querría decir eso, pero como él era un experto y yo no, no se lo pregunté, por no darle el placer de explicármelo diciendo cosas seguro mucho más sesudas y, al mismo tiempo, ininteligibles.
Voy a la crónica (no os asustéis que es muy resumida).
Lo que yo vi en el Bernabéu era un equipo de hombres altos vestidos de blanco que manejaban el balón como con chulería, pero con poco acierto, poco ágiles en los pases, con miedo a chutar a portería (se lo pensaban tanto que cuando iban a hacerlo ya estaban rodeados de los rojos), mal coordinados, mal colocados (hubo varias jugadas que me recordaron a los partidos infantiles, los rojillos en su sitio y ellos todos juntos detrás del balón), rígidos en el desarrollo del juego y tensos entre ellos, en ningún momento se les vió disfrutar del juego (y el fútbol lo es).
Luego estaban los rojos. Aparentemente más pequeños de tamaño, más ágiles, más rápidos. Cada vez que un blanco recibía el balón, afloraban al menos tres rojos a su alrededor, como si crecieran en el césped. En general colocados bien repartidos por el campo contrario (como esos gnomos que coloca la gente de adorno en sus jardines) pero rápidos para moverse buscando el balón. Más arriesgados en el lanzamiento pero con poca fortuna en varios de los disparos a puerta. Con un buen portero. Y jugando al fútbol, como si de un juego se tratara. Quizá por eso mi experto vecino dijo aquéllo de que tenían “mucho fútbol”.
El partido terminó en empate. Mi vecino forofo y experto se pasó la mayor parte del segundo tiempo leyendo noticias en twitter y el resto de los acérrimos futboleros de alrededor dieron por terminado el partido mucho antes del pitido final. La mayoría de las tensiones que se desataron fueron por errores del Madrid que indignaban a su público. Y resulta que las crónicas del día siguiente hablan de “espectáculo intenso” y de resultado injusto para el Madrid. Y a mi me resulta curioso. ¿Por qué parece que el partido que se vió en el campo es diferente del que narran muchos cronistas? ¿De verdad estaban allí o lo vieron por televisión?
Cuando les explico a mis hijos que no tiene nada que ver un partido de fútbol visto en televisión con uno vivido en el campo, yo me refiero a la diferencia en el ambiente, al disfrute del fútbol participando de él y no como mero espectador lejano. Pero, lo que no había yo notado, es que esa diferencia pudiera llegar a tanto.
Sé que, incluso entre mis fieles lectores, habrá quien piense ésta qué entenderá de fútbol, y quizá yo misma esté de acuerdo y piense que esa frase que mi vecino experto aplicaba al Manchester también me puede ser aplicable, porque la realidad es que veo mucho fútbol pero reconozco tener poco oficio.
En cualquier caso, parece que ya va habiendo gente experta de verdad que resulta tener una opinión parecida a la mía. ¿Y ésto no será como lo del cuento del traje nuevo del emperador? ¿No resultará que hay demasiados forofos del Madrid hasta en la prensa y en televisión que no son capaces de admitir que su rey, en realidad, está desnudo?